“Patas arriba: la escuela del mundo al revés” es un documentado libro del periodista y escritor Eduardo Galeano en donde, tal cual lo mostró en su “Las venas abiertas…”, presentaba las miserias, contradicciones y falta de justicia de un mundo fastidiado y anheloso por entrar al nuevo milenio. El nocivo poder de las trasnacionales, el desfachatado gobierno de los EE.UU y la represión sufrida por los países en vías del desarrollo eran expuestas con mucha investigación y calidad. Eso hacía más pavoroso lo que se leía: burócratas que apostaban por políticas fascistas y niños abatidos por la desesperanza que buscaban una válvula de escape en mortíferas drogas, entre otras miserias. “Patas arriba: la…” le daba énfasis a la región latinoamericana. Por ello, era imposible que dentro de las crónicas no estén presentes hilarantes historias de músicos que sobreviven a una paliza para tercamente seguir ofreciendo arte o luchadores salidos desde las sombras como los zapatistas de Chiapas que, encapuchados, le declararon la guerra al Estado mexicano en el primer mes del 1994 y hasta hoy siguen con el Sub como una de las figuras resaltantes.

(El texto finalizaba con una hermosa oda que vale la pena que se detenga en él: http://www.youtube.com/watch?v=rp-o-TeFtJE. Aunque omite algunas partes interesantes como el goce del cuerpo o cuando le dedica unas líneas a los desesperanzados, la esencia se mantiene).

Ha pasado mucho torrente bajo el puente y existe vasta enemistad e indignación en el mundo. El día lunes, el economista Richard Webb presentó algunas cifras para el escándalo. Una data que demuestra de manera muy gráfica la doliente hegemonía de una globalización que deja de lado la dignidad humana.

Richard Webb compara el crecimiento económico de los países que en el PISA alcanzaron los mejores resultados y los que se encontraban en la cola. Los cinco primeros países en la última década fueron Finlandia, Corea del Sur, Japón, Canadá y Australia. Los que se estaban en la otra orilla eran Perú, Kirguistán, Panamá, Indonesia y Albania. “Paradójicamente, el crecimiento anual promedio de los retardados (sic) fue un 4,6%, superando al de las estrellas, que fue 2,9%”. Mirados individualmente, Perú supera con un 5,4% de crecimiento del PBI a Corea del Sur, que creció un 4,9%. En esta Corea la educación sí es un vehículo de ascenso social pues independientemente de la clase social de donde provenga el estudiante, este alcanzará verdaderamente oportunidades de “salir adelante”, como sostiene Augusto de la Torre, economista jefe del Banco Mundial para América Latina y el Caribe. Lo mismo no puede decirse del Perú, quien a pesar de tener una larga oferta de servicios de educación, estos son de un nivel mediocre. Qué gran ejemplo de contradicción.

En cuanto al crecimiento productivo entre los países más competitivos con los menos competitivos, teniendo al ránking de competitividad del Foro Mundial de la Economía como base, el sentimiento de perplejidad puede ser el mismo. “Las nueve estrellas en competitividad, por su buen gobierno, trámites rápidos, buena infraestructura (por ejemplo, Canadá, Estados Unidos y Japón), crecieron en promedio 2,7% anualmente, mientras que los nueve más desordenados, corruptos, y menos amigables para los negocios aumentaron su producción en 3,4% anual”. El Perú sigue descollando gracias a sus “fundamentos económicos” y a nivel regional será uno de los países que más destaque en cuanto a crecimiento económico para este año. El Perú también tiene un frondoso sistema de leyes que hacen que los procedimientos para pasar por las instituciones del Estado sean, como ya se les viene caracterizando, de índole “kafkiana”. Sin embargo, lo que desde los predios de la economía se exige es que estos se reduzcan cuanto antes –la tramitología- pero para que la inversión privada entre y energice nuestra economía. La ley de Servicio Civil, que aceleraría los trámites pero que levanto a los trabajadores del sector público de sus asientos, apenas es tocada. “¡Oiga, gobierno, póngase las pilas, aminore los tiempos de tramitología, pónganos la uva en la boca y no nos haga sudar y dar taquicardias!”, dicen los empresarios. Y el gobierno dirá sí y la cabeza nos seguirá doliendo pues estamos de patas arriba.

Fuente: El Comercio

16-01-13