PERÚUU
Nuestra selección de voley quedó cuarto en el mundial de Tailandia. Tras perder contra China y perder la oportunidad de jugar la final, nos quedaba aún la medalla de bronce. Sin embargo, la moral baja nos ganó y perdimos contra Brasil 3 – 0, y con este resultado perdimos también la oportunidad de traer la de bronce. Muchos hablan de que es mucho mérito haber llegado a las semifinales. Yo era de los que pensaba eso, pero después de ver los partidos posteriores mi posición cambió.

La fase de grupos la pasamos relativamente fácil. Los octavos fueron casi lo mismo. A Eslovenia y Serbia derrotamos sin problema alguno. Es más, en la misma semifinal derrotábamos a China dos sets a cero. Y en el quinto set ganábamos 14 – 10. Nos faltaba un solo punto. ¿Cómo pierdes a tales alturas? ¿Qué posible explicación lógica puede existir que justifica perder de esa manera?

Por lo menos yo no la encuentro. Si algo me cambió la mentalidad de que perderíamos en cuartos de final fue ese equipo. Ese equipo que victoria tras victoria demostraba ser uno de los mejores. Entiendo, pues, la amargura de Natalia. Pero dejando de lado la pérdida contra China y Brasil, no hay duda de que Perú demostró ser uno de los más grandes del campeonato. No es poca cosa haber llegado a la final y haberle ganado los dos primeros sets a China. Tampoco es poca cosa que Ángela Leyva haya sido escogida como la mejor atacante del mundial. Tenemos equipo, tenemos con qué luchar.

Sin duda este equipo juvenil ha demostrado que en esta generación se encuentra la base de lo que podría llegar a ser otra época de oro en el voley femenino peruano. Natalia Málaga está sin duda amarga, así lo demuestra su exclamación: “Ustedes estarán felices pero nosotras no”. Pero pienso que hasta ella reconoce que hemos llegado lejos, tal vez más de lo que merecíamos. Pero hemos llegado a donde nadie creía que llegaríamos… Vencimos a grandes equipos, y hasta en Japón nos hicieron animes. A seguir trabajando para volver a nuestras épocas de oro.