Apenas promocionado en anuncios virtuales, y oculto frente a la fama de otros tantos encuentros virtuales, el festival Lima Alterna no tiene restricciones. Acepta cine experimental, extraño, multidimensional: cine de los 5 continentes y de toda técnica posible. Películas que agudizan los sentidos e inciden en la crítica, disponiendo de 15 minutos o 90, o quizás 5 horas para ello. Patrocinado por CineAparte -plataforma que parece situarse en el mismo anonimato- el encuentro ofreció historias melancólicas, perturbadoras y necesarias

Condicionando la imagen – Accidental Luxuriance of the Transclucent Watery Rebus (2020) & My Mexican Bretzel (2019)

El cine es un arte visual, lo cual es tanto oportunidad como condena. Las imágenes pueden resultar restrictivas, dolorosas, de la misma forma en que pueden liberar a quien las crea. En este caso, My Mexican… resulta necesaria para su protagonista: filma, a modo de falso documental, la historia de su familia. La imagen puede soportarlo todo: secretos, mentiras y conspiraciones. La imagen es un alivio para cuando las cosas duelen. La imagen, en el caso de Accidental… es un clivaje extraño, pero necesario. En un cine-ensayo, las imágenes, con rústicas pero profundas animaciones, muestran la desesperación latente de la cortina de hierro. La suntuosa mezcla de colores, las anodinas voces de los protagonistas y la narrativa no lineal contribuyen a esa atmósfera de incomodidad, de duda.

Memoria salvaje – Serpentario (2019) & The Plastic House (2019)

El cine funciona para recordar. En Serpentario se trata de la memoria colectiva, disfrazada de individual: un joven europeo que rechaza su identidad y va por sus orígenes en Cabo Verde. Con una visión casi pictórica -fotografía brillante y limitada; trajes de época y paisajes sobrecogedores, se explora, con honestidad y lamento, la colonia y la postcolonia. En contraposición, Plastic… cuenta la memoria individual desde lo colectivo. Fungiendo como mediometraje experimental, el film es un epitafio doloroso y efectivo, un testimonio del duelo y cómo el cine, así como es consuelo, también es enfrentamiento: recrear la muerte a primer a mano, yuxtaponer el ensimismamiento individual con la libre belleza de la naturaleza.

Luces de la ciudad – Ghost Tropic (2019) & Ya no estoy aquí (2020)

La ciudad, pero la ciudad confrontada: la ciudad como un personaje más, un personaje que, a su modo, parece hundirse en sus contradicciones. A veces, la ciudad, con sus luces tintineantes y paradas de autobús -como la recorre la protagonista de la majestuosa Ghost Tropic– la ciudad es un refugio. Pero, cuando la ciudad no te entiende, y esconde odio e ignorancia, se vuelve la trampa a la que es sometido el bailarín de Ya no estoy… El film mexicano tiene idas y venidas, algunas dudas de cómo seguir, pero la ciudad le guía. El filma belga es magia pura: demasiado simple para fallar, una encantadora fábula urbana, melancólica, misteriosa, relevante

Junglas borrascosas – A Torre (2019) & Cenote (2019)

La naturaleza es riesgo, pero riesgo necesario: un riesgo que nos reconecta con nuestra esencia -si tal cosa existe- y que cuestiona los límites sociales en la urbanidad. A Torre… es un ejemplo de ello: la vida de una comunidad salvaje y ajena a la modernidad, que se ve sorprendentemente sacudida por la llegada de un extraño. A pesar de la extrañeza de su puesta en escena -demasiadas preguntas que distraen a la audiencia- el film luce bello y enigmático. Al contrario, Cenote pone su cámara bajo el agua y explora el cercano vínculo identitario entre comunidades maya y el agua. Pequeña propuesta, pero intrigante.

Cosas de familia – Tele Realité (2019) & Chronicle of Space (2020)

La familia une y desune: contrapone intereses extraños, fuerza al encuentro, genera dependencia. En Tele Realité, la familia es un signo de interrogación: un testimonio extraño que sigue a la protagonista mientras quiere definir su identidad. En este inusual filme, la clave está en las contradicciones: tomas estilizadas y surreales -como reality show– y escenas íntimas, cámara en mano, siguiendo a una mujer y su dolor. Inquieta y atrae con si simpleza, elaborando una crítica certera a la modernidad, incluyendo a la concepción que tiene esta sobre la familia. Por otra parte, Chronicle es la familia tradicional: familia que guarda secretos, que protege, que define la personalidad del niño protagonista. Aquí, a modo de diario, vemos el día a día del niño hindú, con dificultades migratorias y familiares como telón de fondo. Funciona como fábula.

Tiempo y esencia – Luz nos trópicos (2020)

Luz… es una propuesta ambiciosa. Casi 5 horas de metraje. Historias de distintas épocas interrelacionadas. Una serie de lenguaje fílmicos contrapuestos: largas tomas, planos fijos, narración, diálogos complejos, silencios. Sorprende que, ante todo, el producto final resulte apabullante, y en el buen sentido. Estamos ante una celebración del humano frente a la naturaleza, una introspección antropológica que se pregunta, y con razón, cómo nuestras identidades se crean, se desarrollan y confluyen entre ellas. Aquí la respuesta: colonizadores que exploran su libertad en el nuevo mundo; indígenas que se resisten a la colonia moderna; un muchacho que, mitad colonizado y mitad indígena, busca hacer las pases con su pasado. El film, bello, pausado y cuidadoso, no escatima en detalles. En el clímax, las expediciones a selvas llevan como fondo el etnocentrista discurso del partido aprista, mostrando que el conflicto permanece. Puede ser difícil, pero resulta necesario: una experiencia suntuosa, sensorial, ritualista.

Canto celestial a las alturas – This Is Not a Burial, It´s a Resurrection (2019)

Quizás era pertinente dejar la mayor sorpresa para el final. Filmada en Lesoto y estrenada en Venecia, este pequeño film parece desatar con firmeza todo el hilo de convicciones que teníamos sobre cómo hacer buen cine. A ratos cuento de hadas moderno y a ratos brutal pieza de realismo social, This Is es, ante todo, un relato sobre el abandono.  El abandono en la protagonista del film, mujer de noventa años que debe enterrar a un hijo más. Sumida en la pobreza rural, lo único sobre lo que parece tener agencia es sobre su eventual muerte. Decide planificar su funeral, con todo lo que ello implica. Esa es la puerta de partida para una especie de ritual religioso, con colores exuberantes, tomas planificadas meticulosamente y un ambiente pictórico -como representaciones alegóricas de la magia y espiritismo que rodean a nuestra protagonista- que nos domina. Un film melancólico, atrevido, profundo en su empatía y capaz de despertar lágrimas amargas en su audiencia. A veces no es sencillo de ver; igual vale la pena. El rostro contrariado de la protagonista, las arrugas que se enfatizan en cada close-up, eso es cine. Permanece.