Uno de los conceptos equivocados que rodea a la animación gira en torno al público al que va dirigido: los niños. Es muy común escuchar a las personas negarse a ver ciertas películas por ser de “dibujitos” claramente con una connotación negativa. Esta respuesta no es una sorpresa si pensamos cómo grandes empresas como Walt Disney capitalizan la animación como sinónimo de magia, sueños y familia. Conceptos asociados a la niñez. Su influencia es tan grande que es parte de la infancia de muchos hasta el día de hoy y que sería injusto catalogar este género del cine como exclusivo para los más pequeños. La animación es un recurso artístico para contar una historia, por lo que podría considerarse un crimen encasillarla en un único tipo de estilo, colores, público o, inclusive, limitar qué tópicos debería abordar. Por eso, en las siguientes líneas, realizaré pequeñas reseñas sobre las historias que desmienten esta noción desacertada y que, al mismo tiempo, recomiendo ver.

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“L’illusionniste” (2010)

A inicios de la década anterior, vi la primera película que se alejaba de este estereotipo. “L’illusionniste” es una animación francesa que cuenta una historia sobre lo pasajero de la fama, los vicios y la depresión. Cuando la vi, tenía 12 años, así que fue difícil de disfrutar. Era inevitable pensar que no debería estar viéndola. Tuvo que pasar algunos años para que realmente pudiera entender por qué recibió tantos elogios en su estreno. Su estilo, para empezar, es oscuro y naturalista. Es una producción no apta para todo el público e incita a que el espectador se anime a realizar un análisis posterior a su proyección. Los temas son representados a través de pocos diálogos y escenas contemplativas que están cargadas de emociones fuertes. Dentro de este mundo, los personajes navegan y toman caminos que los llevan en una dirección opuesta a la del ilusionista, el personaje principal, brindando así lecciones sobre la realidad de los artistas.

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“La princesa Mononoke” (1997)

El estudio Ghibli se ha hecho un espacio en el mundo del séptimo arte y de la animación. Sus películas son referentes en el mundo entero por sus historias, personajes y estilo, que las diferencian de las demás producciones japonesas. En esta oportunidad, mencionaré dos de mis obras favoritas de este estudio. “La princesa Mononoke” que, de forma sincera y visceral, nos da una lección sobre el cuidado del medio ambiente y trae a la mesa una discusión sobre lo que significa el progreso para el ser humano por medio de la fantasía. “La tumba de las luciérnagas” es considerada como una de las mejores películas antibélicas en el cine. La historia de dos niños víctimas de los rezagos de los bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial logra conmover los corazones de muchos por su crudeza, lo que indica que su audiencia, en ambos casos, está conformado por personas con un juicio más amplio.

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“The Breadwinner” (2017)

La guerra es uno de los temas más abordados en el cine en general y la animación no es la excepción. “The Breadwinner” es un relato que podría ser considerado una versión realista y actual de Mulán de Disney: una niña se ve forzada a vestirse como un joven para ayudar a su familia en medio del régimen talibán, que la limita totalmente por su género. Su narrativa es muy actual, pues nos permite acercarnos mejor a la situación de las mujeres en los países del Medio Oriente y a los gobiernos con ideas fundamentalistas. “Persépolis”, por otro lado, es una autobiografía basada en la novela gráfica del mismo nombre de Marjane Satrapi que explora los conceptos antes mencionados, junto a la depresión y el machismo en Irán, pero es más directa respecto a sus posiciones políticas y sus opiniones. Vale mencionar que, a pesar de abordar temas tan sensibles, tiene momentos divertidos e irónicos en forma de crítica socio-política. Una de mis favoritas sin duda.

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“Persépolis” (2007)

“Anomalisa” (2015)

Charlie Kauffman es reconocido por “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos”, una de sus películas más aclamadas y queridas por el público por reflejar la complejidad de las acciones humanas. En el año 2015, el director nos regaló su obra “Anomalisa”, un retrato amargo sobre la crisis existencial en la adultez y la rutina a la que muchas personas se ven sometidas actualmente por el trabajo. El protagonista, Michael, realiza un viaje emocional en el que intenta volver a sentir alegría en su vida. De esta manera, deja en nosotros reflexiones sobre el amor, la forma de relacionarnos, el trabajo y la depresión. Con esta descripción resulta más fácil comprender por qué un niño no podría entender y disfrutar la complejidad de esta obra de arte. No queda más que motivarlos a ustedes a darle una oportunidad.

“Soul” (2020)

Estas últimas producciones, tal vez, parezcan extrañas si ustedes no mantienen una mayor cercanía al cine; sin embargo, diversas casas productoras como Disney, Nickelodeon y Dreamworks han demostrado la posibilidad de abordar una pluralidad de temas complejos a su propia manera, empezando con “Soul”. La película fue una de las más vistas en diciembre del año pasado y obtuvo grandes reconocimientos, entre ellos dos premios Óscar. Exploró ideas como la muerte (aunque de forma superficial), el propósito de la vida, los sueños y las obsesiones. Su director, Pete Docter, anteriormente, demostró su potencial creando historias con “Intensamente” y el rol que cumplen las emociones en nosotros. Creo que, con el paso de los años, estas dos películas se sienten más reales y humanas. A esto se suma el logro visual, en las que primala diversidad de colores, texturas y formas.

“Rango” (2011)

Nickelodeon, en el año 2010, expuso ante el mundo a “Rango”. Una de las mejores películas de la década, pero que considero ha sido olvidada por el público. Desde el inicio, llama la atención por su diseño tan realista y crudo de sus personajes al punto de generar escalofríos. Nos narra una historia sobre las crisis existenciales, amor propio y corrupción en el gobierno a través de momentos hilarantes de comedia negra poco propias de una producción infantil. “El príncipe de Egipto” es un clásico de los estudios Dreamworks junto a la saga de Shrek. Todos la hemos visto en algún punto de nuestras vidas y retrata de una forma sencilla pero efectiva los maltratos de los egipcios a los hebreos durante años, así como la fe en Dios. Este último lo considero un tópico muy difícil de abordar sin caer en clichés o en moralejas simples, pero la película lo superó con creces. Definitivamente, es disfrutable para todos sin importar las creencias que puedan tener.

“El príncipe de Egipto” (1998)

De este modo, termino este artículo con la intención de mostrarles que la animación puede ser tan basta como nuestras diversidades en el mundo. Es posible abordar tópicos como la guerra, la muerte, la religión y la fe de manera tan efectiva como una película no animada. Pensar que la animación es exclusiva para niños afecta la forma en la que observamos y apreciamos estas producciones, evita que podamos expandir nuestro consumo y conocimientos. El mundo es cada vez más grande gracias a la globalización y las películas nos acercan a todas las posibilidades tanto mágicas como realistas.