Probablemente, uno de los mayores temores de las personas que reivindican y defienden la libertad individual sea los ataques que este enfrenta, o la posibilidad de que simplemente esta empiece en un proceso de declive que lleve a su cese, pero ¿podría ser esto posible?. La pregunta puede tener varias respuestas, y un número aún mayor de argumentos que defienden una u otra posición. Sin embargo, aquí nos centraremos en analizar la pregunta que da título al presente escrito, desde una perspectiva internacional.

Por mundo libre podemos entender, a grosso modo, a todos aquellos países que cuentan con un régimen democrático-liberal en donde existe el imperio de la ley, donde los ciudadanos gozan de ciertos derechos civiles y políticos, y se respetan tanto la propiedad privada como la libertad de expresión. Pero cabe la pregunta de cuándo es que este mundo libre se expandió a una cantidad tan grande de países. Un primer gran punto de inflexión puede ser el fin de la Segunda Guerra Mundial y, el otro, al fin de la Guerra Fría. Luego del segundo, más que del primero, las democracias liberales se expandieron a una gran velocidad. Huntington llamó a esto “La Tercera Ola de Democratización”, y Fukuyama como “El fin de la historia”. Ambos conceptos fueron, luego, duramente cuestionados. Sin embargo, algo sumamente clave a tener en cuenta es quién fue el motor y sostén de esta ‘expansión del mundo libre’, es pensar en qué país fue el abanderado de esta proliferación de libertad.

Estados Unidos en su rol de líder mundial desde la década de los 40

Estados Unidos, vencedor de la Segunda Guerra Mundial y de la Guerra Fría, se encargó de construir, mantener, y expandir su influencia en el mundo a través de la promoción de la democracia liberal. Es cierto que la afirmación puede ser cuestionada a partir de sus apoyos a dictaduras, sobre todo durante Guerra Fría, pero es imposible negar que el número de democracias en el mundo, sobre todo al término de estas, ha crecido sustancialmente, y se ha mantenido relativamente estable hasta hoy. Pero, ¿qué pasaría si es que el principal promotor y sostén de esta empresa deja de serlo?

Es innegable el poder a escala internacional que tiene Estados Unidos en diversos aspectos: económico, militar, o cultural, para influir en las acciones de los demás Estados. Sin embargo, desde la llegada de Donald Trump a la presidencia, la imagen internacional de la superpotencia ha venido decayendo, entre otras cosas, debido a la distancia que ha venido tomando con sus aliados históricos. El alejamiento se ve reflejado sobre todo en dos escenarios clave: el europeo y el latinoamericano. En primer lugar, Trump parece haberle dado la espalda a la Unión Europea a partir de la simpatía mostrada hacia líderes nacionalistas, el aliento al Brexit, el cuestionamiento y amenaza de salida de la OTAN, y los ‘coqueteos’ con Vladmir Putin. En segundo lugar, la incipiente tensión con la región latinoamericana se muestra a partir del anuncio de la imposición gradual de aranceles a todos los bienes importados desde México hacia Estados Unidos, lo que podría significar el inicio de una guerra comercial con un aliado y socio histórico. Entonces, ¿qué pasa si Estados Unidos empieza a alejarse de las regiones donde ejercía una gran influencia dadas las democracias liberales?

Tensión actual entre ambos mandatarios, pese a las buenas relaciones que aseguraron mantener

Entendamos el sistema internacional como un escenario donde los Estados tienen intereses diferentes y algunos buscan tener más poder que otros. Estados Unidos, quien por el momento es la única superpotencia, parece estar alejándose, y seguir la aclamada frase America First, lo que deja a sus aliados un tanto a la deriva. En este contexto, un país comienza a llenar el vacío que deja la retirada estadounidense mientras cuestiona su hegemonía mundial: China. Gilpin, especialista en economía política internacional, señala que un sistema internacional deja de ser estable si una potencia se encuentra insatisfecha, y empezará la ‘empresa de cambio’ en la estructura cuando los beneficios superen los costos de hacerlo. Es así que cabe preguntarse, ¿cómo China podría estar cambiando la estructura?,y, ¿podría esto alterar el mundo libre?

Actualmente, el crecimiento en gasto de defensa de China supera al estadounidense, por lo que su tecnología militar parece estar desarrollándose a una gran velocidad. Asimismo, China ha venido experimentando un rápido y sostenido crecimiento económico, lo que ha conllevado al establecimiento de acuerdos comerciales con una gran cantidad de Estados alrededor del mundo. En este sentido, su influencia político-económica es bastante fuerte, sobre todo en los países del Sudeste Asiático. Sin embargo, la expansión de su influencia no se detiene en el ámbito regional, sino que ha empezado un acercamiento con Europa. Muestra de ello es el hecho de que la Unión Europea, como bloque, se ha consolidado como el mayor socio comercial de China.

De igual forma, China ha puesto especial énfasis en la construcción de su soft power, lo que ha venido logrando a partir de dos acciones: el alcance mundial de su cadena de noticias CCTV, y la implementación de los Institutos Confucio. Lo primero tiene por objetivo mostrar el mejor lado de China al mundo y cuál es su posición con respecto a los cambios globales; por otro lado, lo segundo, tiene como objetivo el acercamiento de la cultura china con la occidental mediante la enseñanza del idioma y de programas de intercambio. Entonces, es posible ver que China se va mostrando al mundo como una alternativa: un socio con el que se puede comerciar y, por qué no, confiar de alguna manera para promover el desarrollo. Por ello, es posible afirmar que China tiene la intención y está realizando acciones para cambiar la estructura de poder del sistema internacional.

Enseñanza de la cultura China alrededor del mundo

Ahora, respondamos a la pregunta, ¿China podría alterar lo que conocemos como mundo libre?. Es preciso iniciar con un dato bastante curioso. En idioma chino, China se pronuncia Zhōngguó (中国), que en traducción literal significa “país central”, es decir, China se considera y ha considerado siempre como el ‘centro del mundo’. Complementando lo anterior, China no se considera un Estado-nación (tal como sí lo hacen la mayoría de países occidentales), sino como un “Estado civilizacional”. Esto es crucial, ya que implica que la cultura china se concibe a sí misma como superior a las demás. En este sentido, el país no tiene por objetivo controlar o incorporar a los demás Estados, sino influenciarlos mediante la expansión de su cultura y el “pago de tributos a la cultura dominante”. También, debe de tenerse en cuenta la forma en que el gobierno chino ha venido llevando a cabo su política exterior priorizando la soberanía de los Estados en el sistema internacional, lo cual ha implicado que este país sea reacio a las intervenciones.

Pese a que esta aparente contradicción entre la influencia y exigencia de tributo, y el respeto por la soberanía nos lleve a pensar que China puede amenazar el mundo libre, personalmente considero que esto no es posible. Hasta donde podemos observar, China no pretende exportar su modelo político o cultural, y menos imponérnoslos por la fuerza, sino que busca la hegemonía mundial. Es claro que esto implica la proyección de su poderío tanto política, militar, y económicamente, y que la influencia a los demás países para que estos “se pasen a su equipo”, pero todo ello debe de ser entendido dentro del mismo sistema actual. Por el contrario, creo que la principal amenaza al mundo libre proviene desde dentro de los mismos países que se encuentran en este grupo, y del declive de la primacía de su garante.