Las últimos dos fines de semana fueron de gran interés para buena parte de la comunidad rockera. Se dio el festival “Vivo X El Rock”, desarrollado en la Av. De La Peruanidad, con una gran afluencia de gente que llenó el improvisado recinto dos sábados consecutivos. No obstante, en ambas fechas, las más de 10 mil almas pudieron no solo deleitarse con los grandes artistas rockeros, sino que también fueron protagonistas algunos más alejados del género, como Residente, Cultura Profética y Kudai. Incluso, entre las bandas nacionales, sobresalió el gran número de artistas “cumbiamberos” presentes en el variado cartel. Fue el escenario alternativo de la Concha Acústica del Campo de Marte donde artistas desde los legendarios Mirlos hasta los multifacéticos Barrio Calavera recibieron una acalorada recepción.


Esto evidencia la consolidación de una escena que no ha temido ser vinculada a los ritmos tropicales y que, por el contrario, los ha adoptado. Es más, han aprovechado de la variabilidad de estos para fusionarlos con nuevos géneros musicales y generar singulares armonías. Pero, más que eso, han formado discursos con una importante carga social que se evidencia en sus canciones y presentaciones en vivo.

Este es el caso de La Nueva Invasión. Con un sonido fuertemente influenciado por la chicha de los ochenta, los nueve músicos denuncian sin pelos en la lengua las desigualdades sociales y a la corrupta clase política. Es más, es frecuente que alienten a sus oyentes a la toma de conciencia durante sus presentaciones y a gritar aquello que les molesta. Pero no son los únicos. También los Barrio Calavera —aunque con una mezcla más curiosa de ska, cumbia y boleros— son referentes en cuanto a crítica social. Esto se evidencia en temas como “Revolución Caliente”, donde se convoca a la ciudadanía a ser crítica con las autoridades abusivas, y en “Kumbiamerikan Rockers”, donde se abraza la idea de una Sudamérica unida.

 


Sin embargo, el discurso de esta escena de la “nueva cumbia peruana” no es meramente político. La vida urbana, por un lado, y la apreciación de elementos de naturaleza, por otro, son también temas comunes. La Nueva Invasión, por su parte, es reiterativo en cuanto a la vida citadina. Exploran la perspectiva de una vida callejera donde la perseverancia de la clase trabajadora es muy valorada, como se aprecia en “Madrugador”. Pero, en el caso de Olaya Sound System, son los elementos paisajísticos los de mayor relevancia. Se dan recurrentes asociaciones a las montañas, los cerros y al agua en las letras de sus canciones. No obstante, esto no es tan sorpresivo, pues la amalgama de su cumbia con ritmos de reggae producen una atmósfera digna de la apreciación de tales panoramas.

 


Lo comprobable en esto es que, en realidad, no se han perdido demasiados elementos musicales de la chicha o cumbia en esta escena. Pero, aún así, han sido aceptadas por gran parte de la comunidad rockera. Lo curioso de esto es que, si retrocedemos treinta años, este diálogo entre ambos géneros sería mucho más complicado, sobre todo en ciudades como Lima, debido a diferencias de clase entre los públicos de cada género. Al menos en el rock popular, sus principales consumidores pertenecían a clases medias y altas. Por otro lado, la chicha de los ochenta era consumida por las clases populares y migrantes; por lo que, geográficamente, ambas escenas se encontraban separadas y, por ende, no compartían los mismos espacios.

Sin embargo, en la actualidad y con los grupos ya mencionados, se puede observar cómo la separación de espacios entre el rock y esta nueva “cumbia rockera” se ha difuminado. Mucho tiene que ver el hecho de que se mantiene la dinámica del rock en algunas formas, como en los pogos. Pero también interviene el nuevo posicionamiento de las clases migrantes en la capital y su respectivo auge económico. Ciertamente, existen muchos factores que podrían explicar la negociación cultural entre el rock y la cumbia, pero aquello merecería un artículo aparte. Lo importante es que el diálogo entre ambos géneros ha permitido eventos que antes hubiesen parecido mucho más impresionantes de lo que ahora son, como este de Los Shapis, Barrio Calavera, Aeropajitas y muchos más.