Porque el estrecho margen de entre tus labios provocó

amanecer la firme penumbra del descontento más oscuro.

Tu voz terciopelo dio aletazos de pichón

en un río inevitable que desembocó

en las proximidades del soma de un terco,

como yo.

Porque conseguimos la excusa del ojo del arte

para de una buena vez acercarnos con pastel y ramillete

sin cercano motivo que la sensibilidad aparente,

  un par fijado en buscarse en la tenue luz del poniente:

como tú, mira

como yo.

Porque divagamos por nuestras depresiones necesarias

de cada uno, un juego de niños en soledad de madrugadas,

fuimos tejiendo un abrigo ante la marea de las gentes malas

nosotros mucho peores, aunque abrimos las persianas

dejamos pasar la conciencia de las fragilidades nuestras,

por ahí corrieron las enredaderas de tus breves manitas,

hace rato era como tú

tú eras como yo.

Porque arribaste aureolada mientras cruel era la estación más fría

la soberana flor en vasta infinidad de estancia

entonces floté por nubes tersas hacia la faz de mi querencia;

pareciste irte azorada, del tiempo trepada con extrema violencia

súbitamente un cuero salvaje me daba al lomo de la ausencia

y…

Por eso te escribo, porque sentí cercana tu presencia

fue un día del que ya reposa en la lengua, el día tu presencia.