Una mesa redonda patrocinada por ‘La República’ reunió a cuatro destacados economistas para comentar y analizar la situación económica nacional e internacional. Elmer Cuba, Humberto Campodónico, Óscar Dancourt y Gianfranco Castagnola, expresaron sus opiniones en cuanto a la situación europea, el crecimiento económico peruano y las medidas a seguir en el país. Esto a resultas de la inquietante y reciente caída en los niveles económicos que puso los pelos de punta a gran parte del empresariado y líderes políticos.

Un dato desde el saque: macroeconómicamente, tenemos una solidez impecable. Las reservas internacionales ascienden a US$ 67.744 millones y el Fondo de Estabilización Fiscal (o “chanchito fiscal”) no se queda atrás, pues guarda US$ 7.000 millones. La labor en macroeconomía ha sido responsable, pues en el período que explotó la crisis mundial (2008-2009), el gobierno aplicó medidas contracíclicas para paliar la desfalleciente actuación de los otrora países desarrollados. El aumento del gasto público, reducción de impuestos y tasas de interés fueron estrategias que se utilizaron desde el gobierno para no sentir la pegada de una crisis que asola inmisericorde al “Primer Mundo”.

Lo comentado, la reducción de la pobreza, la excelente cotización de los precios internacionales de los metales, así como la buena recepción de las inversiones extranjeras, permitieron que el Perú se sitúe en una de las mejores posiciones de los indicadores económicos. Sin embargo, el esquema económico actual es lo que suscita mayores controversias desde diferentes esferas del debate público. La exportación de recursos naturales sigue siendo el 75% del total de exportaciones, sostiene Campodónico. Esto genera preocupación, pues siendo China uno de los principales destinatarios de nuestros recursos para satisfacer su demanda interna, la desaceleración de su economía provoca trompicones como los de estas últimas semanas en nuestro país. En otras palabras, la dependencia de nuestros recursos hace que estemos en constante alarma ante cualquier estornudo de las economías que necesitan de las materias primas del territorio.

Nuestro modelo, conocido como “primario-exportador” ha sido motivo de continuos debates. Mientras que unos se inclinan por explotar más proyectos mineros  y alentar más la inversión privada para resolver temas sociales, otros sostienen que mantener este orden de actividades a largo plazo es poco sostenible, y que lo imprescindible es diversificar la economía (hasta el FMI apuesta por que eso se realice).

En el plano actual, la realidad parece estar dándole la razón de alguna forma a los segundos. Producto de la crisis económica, los precios de los metales han caído. La globalizada economía tenía que darnos su rostro negativo. Además, como todo ciclo económico, alguna vez este tenía que acabar; y, ciertamente, el auge de los precios ya había superado el promedio de lo que dura un ciclo económico (que va de 5 a 10 años).

Sin embargo, cierto sector del empresariado se apresuró de la manera menos educada posible a decir que esto se debía al proceder del gobierno en cuanto a medidas que denominaron “autoritarias”. Estas eran básicamente dos: la compra de Repsol por parte de PetroPerú, y la regulación de publicidad de comida rápida. Esto, para algunos grupos de poder económico, pintaba de cuerpo entero al gobierno: “Ollanta es un dictador encubierto y la inevitable recesión se debe a sus actuales políticas”.

Lo seguro es que, como reconoció Elmer Cuba, la inversión en el país es una de las más altas de la región, ocupando ésta casi el 20% del PBI. Del mismo modo, la inversión minera aumentó en 29% en el primer trimestre del año, y el mismo presidente del incompleto BCR, Julio Velarde, pronosticó un crecimiento del PBI en 6.1% para este año, afirmó el economista Pedro Francke intentando desmentir cualquier tesis que busque atarantamiento político.

No obstante, el gobierno parece no reconocer lo que sucede ante sus ojos, y una de las propuestas más sonadas que ha hecho es la de las “siete medidas”, las cuales apuntan a incentivar y recomponer la confianza del empresariado. El fomento de la inversión en base a la reducción de los tiempos de espera de los proyectos de inversión es la punta de lanza de estas medidas. Sectores culturales y de medioambiente han protestado por ello, pues se vulnera el tiempo de estudio para la concreción de tales planes, ya que se acorta el proceso para sus investigaciones. Es necesario recordar que esas carteras cuentan con poco presupuesto y personal para resolver tales tareas.

La inversión privada es fundamental hoy en día para activar la economía. Sin embargo, lo dictado por el gobierno no nos vacuna contra posibles crisis que se avecinen. Sobre todo si tenemos en cuenta que falta un largo trecho para la recuperación de economías que dinamizaban nuestro mercado. ¿Seguiremos viviendo en función de terceros?

 

Fuente: La República, Portafolio Económico, El Comercio, Gestión

  • Melisa Gutierrez

    Excelente artículo. Me recuerda a Amartya Sen, el desarrollo no es solo crecimiento de la renta, a pesar de que este es un medio para obtener bienes y servicios, debemos enfocar el desarrollo como el aumento de bienestar de las personas, y por sobre todo, el incremento de las libertades, incluyendo la libertad a vivir en un mundo ecológicamente sostenible.