Me dirigía a almorzar luego de una clase de 3 horas el jueves anterior. Mientras caminaba, vi a unos jóvenes con polos de colores en los que tenían impresos una T y un número. “Han vuelto” —pienso inmediatamente—. “Han vuelto otra vez”.

Hace unos días los hemos visto todos. Hemos visto a esos chicos de un lado para el otro, con pintas en la cara, un polo de un color distintivo y  un entusiasmo inusual en un estudiante universitario entrado en años. Los cachimbos, como siempre —sobretodo en el primer ciclo del año— se hacen presentes en la PUCP. Al principio, cuando uno recién ingresa a la universidad, le puede llamar la atención ver esta clase de espectáculos dentro del campus; con el tiempo, uno se acostumbra a estas huevadas.

Los cachimbos de chuletras se aglomeran en lo que se conoce como las T’s, es decir, un grupo de cachimbos unidos al azar. Cada T compite contra las otras en retos y deportes para así consagrarse como la mejor de todo el ciclo. ¿El premio? Creo que es alcohol como siempre.

Cuando ingresé, nunca me interesé en estos eventos, siempre me pareció que eran puros adolescentes tratando de llamar la atención a cualquier costo. Un disfuerzo inmenso por medio de bullicio en la rotonda, posería en las fotos, bailes eróticos, gente sin polo y también por los nombres de T, los cuales ahora suelen tener alguna connotación sexual.

Al parecer, el fin de las cachimbadas es lograr la unificación de los alumnos como grupo, que tengan compañeros al lado que los ayuden a sobrellevar —los unos a los otros— su primer ciclo en la universidad (aunque la verdad no me parece que sea tan difícil sobrevivir el primer ciclo en letras). Con la integración en estas actividades, se espera que los integrantes tengan amigos “para el resto de sus días en la universidad” —o al menos una vez escuche o leí eso con frecuencia—. Gracioso, como si el hecho de hacer tanto show lograra forjar lazos de amistad.

Aun así, me parece que es una manera interesante de buscar que los alumnos se sientan parte de la universidad y conozcan a sus compañeros. Puede que en verdad algunos disfruten mucho con estas actividades. Obviamente, hay otro gran grupo de alumnos a los que no les genera entusiasmo celebrar así, como tampoco ir a emborracharse. Sin embargo, si las cachimbadas de letras logran juntar a la mayoría de gente, no creo que esté del todo mal, pues no se puede agradar a todo el mundo.

Los jefes de T son otra historia. Según muchos, lo que quieren es gilearse cachimbas a cualquier costo. ¿Lo lograrán? Uno nunca sabe. Lo que sí debe ser verdad es que invierten parte de su tiempo por lograr que todo salga bien y por ello me parece respetable lo que hacen.

Finalmente, debo decir que me gustaría ver menos posería en las cachimbadas de letras (las de ciencias no las conozco, aunque deben ser similares). No obstante, ojalá las nuevas generaciones disfruten de ellas.