Las producciones de Netflix son muy diversas tanto en calidad como en géneros y estilos. Si bien esta cadena de series produce en su mayoría series en un contexto estadounidense, lo cierto es que ha dejado el puritismo cultural un poco de lado, aunque no de un modo inocente claro está. Netflix  comenzó a licencia en su plataforma a distintas obras de este estilo. Ejemplos de esto fue la maravillosa nueva adaptación de Devilman Crybaby en el 2018 y, en este 2020, Beastars, manga escrito por Paru Itagaki y versión en anime dirigida por Shinichi Matsumi. Siendo sincera, no sabía nada sobre Beastars hasta ahora, por lo que vi el primer capítulo solo porque eran las 2 am, no tenía sueño y me dio curiosidad el lobo que salía en la portada.

Todos en Beastars son animales de distintas especies, pero viviendo en una sociedad urbana japonesa. Así, herbívoros y carnívoros -distinción importante para la historia- conviven en una realidad humana: nacen, crecen, van al colegio, se dan cuenta que no son libres, trabajan para sobrevivir y mueren. En otras palabras, los personajes no son simplemente animales representando comportamientos humanos por motivos de la trama, sino que estos conservan aún las características e instintos básicos de su especie.  En este mundo, en el cual cazadores y presas por naturaleza

luchan para ocultar sus instintos más básicos, encontramos al protagonista de esta historia: Legosi, un escolar de 17 años quien se muestra desde el primer momento que lo vemos como el típico protagonista de un anime escolar: es introvertido, nervioso, de pocas palabras con sus amigos y con una baja autoestima que se relaciona con un miedo a conocerse a sí mismo. Este lobo con fuertes conflictos de identidad profundiza aún más sus dilemas personales al conocer a una coneja, Haru, de quien se enamora, a pesar de que viven ambos en una sociedad en la cual se desaprueba la relación entre especies antagonistas por naturaleza. 

En la primera escena somos testigos del asesinato de uno de los compañeros herbívoros de Legosi, Tem, por el ataque de un carnívoros. Después, de esto, vemos por primera vez al protagonista, y, en una de sus primeras y más

importantes escenas, su olfato identifica una presa cerca en una noche en el campus y, a pesar de que trata con todas sus fuerzas de luchar contra su yo carnívoro, pierde sus estribos y ataca a la coneja co-protagonista de esta serie. Así, la historia desarrolla, entre otras cosas, la evolución de estos dos personajes en su adolescencia tardía y cómo luchan por encontrar un conciliamiento entre lo que dicta su especie, su identidad y sus sentimientos. 

No puedo decir que Beastars sea una obra maestra que quedará como un clásico del anime del siglo XXI, pero, dentro de todo, es una historia que sabe trabajar su mundo tan particular y las dinámicas entre los personajes. Es interesante verlos interactuando y desarrollándose a través de la trama, al mismo tiempo que conocemos a detalle cómo se articula un grupo de individuos con diferencias de especie tan complejas. Los cambios y acciones de Legosi se desenvuelven de tal manera que es imposible no querer ver más de él y el rumbo que tomará en la historia. Es un chico tímido, pero a la vez se encuentra luchando a cada momento contra sus instintos depredadores, lo cual ocasiona que su personalidad posea un lado más oscuro y conflictivo. Sus sentimientos por Haru representan muy bien el amor a su edad, y la trama los lleva por unas ideas y vueltas interesantes. En un primer momento, uno cree que es obvio que ambos se enamorarán el uno del otro, a pesar de que esto les traiga problemas

pero a medida que pasan los episodios uno se entera de hechos que provocan que esta certeza que antes parecía tan clara se vea debilitada. Al mismo tiempo, a medida que descubres más de los personajes uno se da cuenta que realmente no sabe nada de ellos – y que hay más por saber-, por lo que se generan ganas de seguir viendo hasta el final la serie para descubrir, realmente, quiénes son estos animales detrás de sus especies. 

Debo de hacer una mención especial a Haru la coneja blanca coprotagonista e interés amoroso de Legosi, quien es víctima de acoso escolar por las chicas de su escuela debido a que se ha involucrado con algunos chicos de la escuela. Vivir en una sociedad típicamente humana conlleva que los mismos prejuicios hacia las mujeres se

encuentren en este mundo humano-animal. Por lo tanto, Haru es condenada socialmente por sus relaciones con distintos chicos. No obstante, lo que me encantó de este personaje es que ella no es una víctima pasiva de estos abusos, sino que sabe que quienes la molestan no poseen motivos sólidos para hacerlo salvo prejuicios sin fundamento y resentimientos personales. Las respuestas que le da a la chicas que la molestan y le hacen la vida imposible en el colegio son épicas y demuestran lo patético que es juzgarla por dichos motivos. Pero Haru también tiene un lado que no es tan seguro de sí misma, o, más bien, que se encuentra muy seguro que ella no podrá

lograr nada en la vida, ni siquiera ganar el auténtico cariño de un chico, ya que su especie es una de las más débiles de su mundo. Todo esto hace que el personaje de Haru sea uno de los mayores logros de esta obra, ya que rompe los estereotipos marcados en un gran porcentaje de animes, en los cuales los personajes femeninos o son absolutamente pasivos y necesitan de un hombre para ser salvadas, o son insoportables por tener un carácter sumamente irritante y una inteligencia nula. Haru se siente, por todo esto y más, muy real.

Los 12 capítulos estrenados de Beastars hasta ahora en Netflix nos muestran un mundo que, en nuestra realidad, es imposible pero que se siente profundamente real por los personajes que protagonizan esta historia y el desarrollo y esfuerzo que su autora ha puesto en la construcción de su mundo. Este se encuentra lleno de problemas y contradicciones que nacen del hecho que distintos animales con distintas posiciones en el ciclo vital de la naturaleza se encuentran conviviendo en una frágil tranquilidad que puede ser rota en cualquier momento -y lo es- . No son ciegos ante el hecho que los carnívoros -los depredadores- cazan a los herbívoros -sus presas-, sino que fundan su cultura y étia en esta base. Por esto, poseen leyes morales y judiciales igual de estrictas que las nuestras con respecto al asesinato por especie, aunque, como con nosotros, siempre existen quienes las rompen, y  trabajan debajo y sobre de la ley. El conflicto entre la naturaleza animal y los sentimientos de todos los personajes provoca no solo que uno pueda ponerse emocional, sino que se pueda preguntar ¿qué es lo que realmente nos hace humanos? ¿Qué es lo que hace que no podamos comprender a estos animales y, si lo pudiéramos hacer, seríamos capaces de tratarlos como lo hemos venido haciendo? La historia de Beastars combina un mundo ficticio con situaciones reales, generando que uno se dé cuenta de que los sentimientos y los conflictos racionales son una parte fundamental de nosotros, al punto que, si distintas especies los compartieran también, podríamos entendernos y considerar nuestras vidas a un mismo nivel, aunque esto generará aún más problemas en el mundo. El anime se encuentra a la espera de una segunda temporada, aunque el manga ya se encuentre por terminar y, en realidad, trabaje mucho mejor distintas escenas y personajes en varios aspectos. En fin, Beastars ha logrado de una manera bastante buena y trabajada reflejar una vida problematizada por el acompañamiento de sus instintos animales, sus pensamientos y emociones de todos los personajes que se ganan nuestros sentimientos.