Bajas cuestiones del fútbol

En el fútbol, un poco estereotipádamente, líder es aquel que con inquebrantable seguridad levanta a los que sean partícipes del momento en el que vive un equipo. Líder es aquel que sabe qué decirle a cada uno, que hace valer a todos en base a una historia en particular. Líder es aquel que no cree en la renuncia de alguna jugada porque sabe que no es imposible nada. Líder es aquel que lucha, que se entrega por los demás, que los representa, que hace que se sientan bien representados, que transmite un mensaje positivo y que sea, también, un ejemplo de fútbol. Ese caudillo, sin embargo, siempre tiene debilidades. Debilidades que acortan su credibilidad y que califican como agresivas. Es un ejemplo de lucha, de talento y de saber animar, por supuesto, pero ¿representa completamente aquel que, con intención o no, ataque a los demás? ¿Simboliza del todo bien a todo un equipo el que, frente al país que le dio una oportunidad y en la televisión ante todos sus compatriotas, tome una actitud, por no decir más, indecorosa?

Todo lo que hizo aquel líder como jugador, cómo hizo vibrar cada asiento de cada espectador, temblar de angustia, de sorpresa, de alegría, de euforia. Todo lo que hizo manejando al del frente a gusto de su zurda endiablada y como la cadera de su adversario le hacía saber. Cómo volaba por los aires ese balón que pocas veces llegó a siquiera acercarse al guante vencido del portero, mientras se ponía al hombro a todo un plantel, a todo un país, anímica y futbolísticamente; todo eso, sí, definitivamente. No obstante, es ese mismo que miró a todos los argentinos sin pestañear y con ojos rojos, esos que describían lo absolutamente descontrolado que estaba por la maravilla que acababa de hacer, pero también por lo que había hecho hace un rato.  Justamente ante el rival que, 16 años después, le hiciste ponerse la cinta. Llevó ese día el brazalete por primera vez porque tú y todos a tu alrededor sabían que lo tenía que llevar, porque él lidera a los equipos en el campo por su fútbol, porque influye innegable e inmensamente en el juego de su escuadra y de todos en general, porque dirige este deporte como él considera y a lo largo del tiempo se ha podido dar cuenta que es así como tiene que ser, y porque no pudo quedar tan solo en el diminuto calificativo de buen jugador. Nunca fue ni será un animador necesario de los que hay para esta disciplina, pero sus compañeros en España, el mismo Maradona, luego Alejandro y más tarde Martino, le han hecho saber que con su fútbol maneja todo. Que con esa brillantez con la que visualiza y ejecuta cada jugada es capaz de levantar a todos anímicamente sin ser un líder anímico necesariamente.

Líder es aquel que anima con su fútbol y su personalidad, sí. Pero nadie es perfecto como para necesariamente ser un cabecilla que hace los dos. Tú levantaste a todo un equipo con tu juego y tu actitud, pero demostraste siempre bajas debilidades. El ‘10’ de los 80’s y 90’s era, en cuanto a personalidad, apasionado pero provocador y desbocado. El ‘10’ de hoy por supuesto que es apasionado, pero, como sus mismos allegados lo describen, es respetuoso en todas las formas. Marcelo Sotille los describió alguna vez de esta manera: “Maradona es el argentino que somos; Messi es el argentino que queremos ser”. Se puede opinar y nadie nunca será quién para cuestionar a Maradona, pero tampoco a Lionel. Tú bien sabes por qué Messi es capitán en Argentina, así que, no lo cuestionemos tanto, Diego querido.