Corredor azul, amigas de la noche, el popular Niza, las universidades, los institutos, etc,… Nada como la avenida Arequipa, que con el pasar del tiempo se ha vuelta más compleja, y por estos días más terrible. Yo me encontraba allí, en la cuadra 10, esperando el famoso bus por el que los habitantes sardinescos esperan largas colas dignas de los 80; así, decidí comenzar un largo caminar hasta la avenida 28 de Julio. Fue a partir de ese momento que dejé de lado el nuevo sistema de transporte para aprovechar cada paso que daba por la antigua Av. Leguía 1.

Si queremos hablar de la avenida Arequipa, tenemos que retroceder casi cien años y encontrarnos con una Lima aún escrita en letra minúscula, con una población no mayor de 200 mil habitantes y con un aire de reconstrucción en las calles. Por esos años previos al centenario de la independencia, se comenzaron a dar los primeros trazos que conectarían los distritos costeros con el Cercado. El gobierno de Augusto B. Leguía 2 inicia las gestiones de lo que sería la “Patria Nueva” y para su gobierno la construcción comenzó, sirviendo también como modelo de la nueva cara de Lima, con una influencia más norteamericana, y con residencias que revelen el “progreso del Perú”. La vía no se terminó para el centenario, pero se llegó a completar durante todo el Oncenio.

Retomando aquella experiencia que les comentaba al principio, podemos ver una gran mistura de pasado republicano con el crecimiento desenfrenado de Lima. El Parque de la Reserva, obra erigida en 1929, fue más que un nuevo espacio público, ya que se realizó en honor al Batallón de Reserva caído que defendió Lima durante la defensa de la capital; hoy dicho parque es uno de los puntos más concurridos, principalmente por las enormes piletas, que dejan a más de uno empapado. Llegando a la cuadra 5, tenemos la “Fuente de las Tres Figuras”, obsequio de la colonia norteamericana, ubicada justo al centro de la berma; volteando a la izquierda, nos encontramos con el monumento al almirante Du Petit Thouars, en el que se puede observar a la ciudad de los Reyes personificada como una dama con corona obsequiándole un ramo de flores al que alguna vez fue el salvador de la ciudad 3. Finalmente volteamos a la derecha y vemos el edifico de la Sociedad de Fundadores de la Independencia la cual, en un principio, iba a funcionar como el hogar de Andrés A. Cáceres, pero su muerte poco tiempo después hizo que sea propiedad de la Benemérita Sociedad. Se puede ver en la parte superior una imagen del presidente Leguía le otorga el grado de mariscal a Cáceres.

Llegar a la Av. 28 de Julio no es un alivio, es una nueva puerta para seguir caminando y perderte para conocer más de esta bella ciudad. El gran arco Morisco obsequiado por la Corona española habitó aquella intersección, pero con el pasar del tiempo encontró un nuevo hogar en el “Parque de la Amistad”. Para cerrar con broche de oro, date un tiempito y da una vuelta por el Museo Metropolitano de Lima, y porque no, entra al Parque de la Exposición a comerte una rica mazamorra; total, la ciudad no se va a mover de ahí, ya que siempre espera que la visites, y espera que le devuelvas ese cariño, con el que nos acoge todo los días.

 

*Fuentes:

Orrego Penagos, Juan Luis (2014). ¡Y llegó el Centenario! Los festejos de 1921 y 1924 en la Lima de Augusto B. Leguía Lima: Titanium Editores.

  1. Tras el golpe de Estado de 1930, la vía cambio de nombre en honor al levantamiento del comandante Luis M. Sánchez Cerro ocurrido en el departamento de Arequipa.
  2. El gobierno de Augusto B. Leguía duró 11 años, es por ello que es conocido como el Oncenio de Leguía. En alguna otra oportunidad realizaré un artículo sobre este personaje.
  3. En un artículo pasado sobre los nombres de calles de Lima, escribí acerca de este gran personaje.