Durante estos días se ha argumentado, reiteradas veces, que la sociedad peruana nunca estará preparada para la promulgación de una ley como la de la unión civil. Es decir, cualquier iniciativa legislativa que pretenda brindar igualdad de derechos y condiciones a los ciudadanos de un Estado, omitiendo cualquier rasgo de discriminación, en este caso, en relación con una determinada orientación sexual. Tal afirmación parte una premisa bastante cuestionable, y que tradicionalmente ha sido empleada por sectores conservadores y reaccionarios, la cual sugeriría lo siguiente: las sociedades son inmutables.

A decir, por lo visto en las últimas semanas, creo que tal pensamiento carece de fundamento fáctico. La historia les contradice de manera rotunda y constante. Hace unas décadas hubiera sido imposible, siquiera, escuchar un debate sobre este asunto. Era un tema tabú en épocas pasadas, sobre el cual se hablaba poco o nada públicamente, y cualquier intento por explicar o defender una posición favorable a una unión civil, para personas del mismo sexo o adopción igualitaria, se hubiera traducido en una serie de oprobios y burlas en relación con la sexualidad de algún simpatizante, con lo que no digo que aquello no ocurra actualmente. De hecho, el autor de la controversial propuesta, el parlamentario Bruce, ha recibido sendos ataques por parte de líderes religiosos de diversas iglesias e incluso actualmente es amenazado de muerte por algún fanático. Pero lo novedoso (aunque sobre todo, saludable para nuestra democracia) ha sido la amplia exposición mediática, tanto de personas afines o contrarios al proyecto. Y aquel hecho va más allá de la perorata superficial o inútil. Mucha gente que aún vive bajo la influencia de determinados prejuicios puede conocer y verificar la validez de una opción contraria a lo que ellos consideraron como una verdad irrefutable durante toda su vida, y creo que no han sido pocos los que han cambiado su opinión luego informarse de modo más objetivo, y menos pasional, al respecto.

La última marcha en favor de la Unión Civil es un caso aparte, ya que trasciende el típico activismo de Facebook o la indiferencia propia de las personas a las cuales les interesa poco o nada que esta iniciativa prospere. Aquí ya hablamos de una manifestación masiva de carácter organizado que alberga en sí a diferentes sectores de la sociedad que proclaman su apoyo público hacia una iniciativa que no muchos pensaban que solo era defendida, exclusivamente, por “homosexuales resentidos que pretenden exterminar a la “familia nuclear”. Es cierto que la cantidad de personas que asistieron no es comparable con la observada en ciudades europeas o norteamericanas, incluso latinoamericanas. Es cierto que la movilización que captó mayor acogida, se realizó en Lima, mientras que el apoyo en otras ciudades de provincia fue mucho más reducido en términos proporcionales. Peor aún en sectores no urbanos. No obstante, repito, hace décadas una manifestación así hubiera resultado inconcebible en una ciudad conservadora, como lo es Lima.

El día de domingo se publicó en El Comercio una encuesta nacional que puede permitirnos mirar de modo más optimista el futuro. En ella se lograba observar que el 33% de los encuestados se manifestaba a favor de la propuesta de Bruce, mientras que un 61% la desaprobaba. Sin embargo, lo interesante radica en que un porcentaje mayor (cifras que rondaron desde el 49 al 54%) apoyaba medidas incluidas en el proyecto de la Unión Civil no Matrimonial (derecho a la herencia, a formar un patrimonio económico, a tener acceso a la pensión y seguro de salud de la pareja, etc.). En otras palabras, el apoyo aumentaba sin la etiqueta de la “Unión Civil”. Es muy probable que la aprobación sea vea favorecida a medida de que la propuesta sea explicada de manera más acertada y continua en las próximas semanas.

Por otro lado, los que sostienen ciegamente que la sociedad peruana no está preparada para la aprobación de esta iniciativa legislativa, deben comprender que las sociedades no consisten en una agrupación de individuos que exhiben características e idiosincrasias inmutables e inamovibles. Deben entender que diversas concepciones y construcciones sociales  han ido evolucionando a través del tiempo, y muchos de estos cambios se debieron a la influencia de instituciones que permitieron moldear ciertos comportamientos de los seres humanos. Bajo la lógica conservadora defendida por algunas personas, jamás se hubiera abolido la esclavitud(algunos sostenían que los Estados jamás serían capaces de controlar y vigilar a los nuevos ciudadanos), jamás se hubiera aprobado el divorcio(puesto que atentaba en contra de la célula fundamental de la sociedad, lo cual degeneraría en una profunda crisis moral y social),las mujeres nunca hubieran podido votar en elecciones democráticas(porque el orden natural determinaba que las mujeres son seres poco racionales, incapaces de decidir por sí mismas, y mucho menos de elegir inteligentemente a un gobernante). Afortunadamente, en la actualidad, son pocos los que se atreven a pensar de tal modo, entonces cabe preguntar : ¿qué les hace pensar que la idionsincrasia de las personas no puede cambiar en pro de una sociedad más democrática e igualitaria?

  • Anónimo

    Gracias a la “modernidad” legalizamos “modelos de familias” tomando como base la orientación sexual de las personas , y si no se hace eres un conservador homofóbico , excelente viva la modernidad…