¿Tenemos límites? Hay una ciencia que cree que no. La economía, su intencionado ahistoricismo y sus estudiantes. La crisis anticipada desde el guano. El indolente léxico de la economía o los baches para su aprendizaje. Izquierda, mi decisión.

 

Engordar

Se llega al tema a través de la barriga. A Arturo lo conocí en la universidad (PUCP). Antes que en las aulas, en la actividad política. En la facultad nos cruzamos varias veces en el patio y, en clases, la vez que compartimos el curso de Antropología Política, en donde hacíamos de las nuestras. Cuando llegan los campeonatos deportivos, Mendieta, 26 años, siempre se ve en una encrucijada: sociólogos y antropólogos se lo disputan para la pichanga. Aunque, como evidenciarán estas líneas, ya haya elegido con quien jugar (porque de campeonar ni hablemos. Uno de los lemas de Primos Cruzados, la barra de mi carrera, Antropología, es: ¡No se gana pero se goza!).

Durante la temporada de clases, por el deporte, Mendieta luce físicamente aceptable. Diferente a los estudiantes disponibles que en demérito de nuestra fugaz edad ensanchan sus pancitas “académicas”, fruto de sus sedentarias costumbres. Pero esta tarde de enero, cuando el sol y la playa obligan a moldear los abdominales, Arturo está diferente. No tendrá su buen mondongo, pero sí, como dice mi tío, su “guatusi”.

Mano, tas con la pancita.

Sí, cholo.

El trabajo.

 

Cuando un economista te pregunta…

Así, sentado en la banca del entrañable malecón Sáenz Peña, Arturo pone una cara inexpresiva. Cuenta sobre un amigo, cercano a él, que no disfruta su trabajo. “Como huevón sentado en una computadora”, cuando puede, realmente, más. Es la tarde de quienes el quehacer no es un halago. Otra amiga de él, ya egresada de la carrera, lleva una vida gris en un ambiente burocrático. Sin sacar cachita, detrás de nosotros hay tres viajeros sureños que portan instrumentos y grandes mochilas, y toman un descanso en el jardín. Viajan y sus pieles están embellecidas por el sol. “¿Conocerán ellos del tedio…?”.

La vida no es una elección –dice un Arturo más que escéptico, desanimado.

Y yo creo que es muy raro lo que dice, sobre todo a la luz de las respuestas que da sobre esa carrera tan primordial para él: la Antropología. Aunque a esa carrera hay que dominarle las respuestas y descubrimientos como si se tratase de un chúcaro caballo. No vaya a ser que te superen. Todavía se recuerda al docente que hablaba del intelectual francés Michel Foucault y su omnipresente panóptico en clases y que la vida es un gran sistema de vigilancia que te coarta la libertad. “¡No somos libres!”.

Curiosamente, en el segundo ciclo del año que partió, fue Mendieta quien dio el sablazo final, en épica clase, cuando un conjunto de estudiantes se enfrentaban al apático docente.

usted que ha estudiado y reconoce las falencias y desgracias del país…

–¿Sí…?

–¿Cómo consigue continuar su vida?

Es a ese estudiante, al que me apresto a entrevistar. Como verán, la pregunta cae por su propio peso: ¿Qué hace un economista en Antropología?

 

Ciencia del caos y del orden

Fue por una amiga…”. Mendieta cuenta que fue una compañera de la carrera quien introdujo en él el interés por la Filosofía y la Historia, las Humanidades. Es así que su paso por EE.GG.LL. podría considerarse el de una dicha, dada la numerosidad de cursos de esa rama de estudios. Cuando ingresa a facultad, ya con el cuento, “creído”, de ser economista, entra de alumno libre en un electivo de la carrera inicialmente colonialista: Ecología Política. Posteriormente, aprovechando la posibilidad de los electivos que cada especialización tiene en Ciencias Sociales, se matricula en los de Antropología. El otro le da un golpe fuertísimo. “De una ciencia dura, casi ingenieril, matemática a una ciencia que… destruye todo, que es lo que creo que hace la antropología después de todo: sospecha, destruye”.

Entonces… esta carrera sospechante (sic)…

Sospechosa.

–¿Sospechante y sospechosa carrera te atrajo por su… capacidad crítica?

Hay un sinsabor, una exigencia de otros aires cuando, si te agrada la Historia y la Filosofía, ves que la carrera en la que estudias basa su creación a partir de una serie de supuestos. De entre ellos: el de todo tipo de ser humano tiene una lógica igual, maximizadora y racional”.

El homo economicus.

Sí, es ese básicamente. Y a partir de ese supuesto importante comienzas a construir un conjunto de conocimientos que son los presupuestos de la economía. En cambio, la antropología me enseñó que los presupuestos tienen poca o nula validez; o sea, no hay nada preestablecido, no hay nada fijo. Eso fue lo que me golpeó tanto.

Claro. Esta estructura y esta, podríamos decir, antiestructura.

Sí, realmente. Una buena analogía.

Y qué logras con… ¿Qué haces con este conocimiento?

A la… Muy buena pregunta.

En la vida diaria, en las clases se lo pregunta. Pero son las amistades quienes dan en el clavo con la tensión irrevocable: “¿Y para qué chucha sirve esta huevada?”. Él acepta: “Y sí, en muchos casos solo sirve para meterse un pajazo mental”. Pero por otro lado, él piensa que podría articular lo que a su entender es esa ciencia estricta y la otra, más sospechosa, flexible. A esta simbiosis se le puede agregar la historia, la sociología, “hasta la lingüística” (…) “[para] tener un conocimiento que no sea excluyente uno del otro; para entender los fenómenos a partir de enfoques diferentes”.

–¿Y el conocimiento surgido sería más responsable? Tomar en cuenta al otro, sus características, su voz. Así, un economista con estos conocimientos llevaría a cabo, aunque suene a cliché rutinario, políticas públicas más responsables. ¿Ese es el objetivo?

No. Eh… Bueno, sí, ya. Sí te entiendo. No me gusta la palabra responsable porque no sé si lo que estoy haciendo lo hago con una intención de ser más responsable o no, pero sí creo que no es indiferente. O sea, la economía se sienta sobre muchas diferencias. Porque la economía, si tiene una característica, es la homogenización: tratar de entender sociedades a partir la construcción de modelos. Eso es homogeneizar. Y obvia muchas cosas que son fundamentales para la Antropología, como ver al otro como alguien que se construye de manera diferente, etc. Además, yo también me pregunto por qué estudio esto; y es porque te empodera, ¿no? Estudiar otra ciencia te permite conocer más, y más conocimiento, más poder. Es un conjunto de cosas.

Aprovecho para hacer una aclaración. Cuando señalaba lo de “responsable” no me refería de una solidaridad para con los demás, sino a la de una producción académica más rigurosa. El entrevistado prosigue.

Para acotar: la economía de la cual he venido estudiando estos años o, en general, la economía que se enseña, en tus términos es poco responsable porque se olvida muchas veces de la historia, se olvida del contexto, de la heterogeneidad, se olvida de las diferencias, se olvida de eso. Y en efecto, más que irresponsabilidad, eso sí es un acto consciente de nuestra ciencia. La economía como tal no es que se olvida de casualidad de los “otros”, lo hace conscientemente.

Y siendo así, ¿cómo ves a los estudiantes? ¿Reaccionan ante esto? ¿Tienen alguna inquietud respecto a lo que reciben? ¿Son pasivos?

–Para empezar, y esto siempre se lo he comentado a mis compañeros, el perfil del estudiante de Economía es muy distinto al perfil del estudiante de Antropología. En Economía nos enseñan a estar en permanente competencia. A competir, a obtener mejores resultados, trabajos individuales, exámenes permanentemente. No quiero decir que la forma esté mal; probablemente consigan resultados distintos a los de Antropología. Pero en esta, la lógica es un poco distinta: trabajos grupales. Seguramente hay competencia, claro que sí, pero no es de tal manera como lo vi yo en economía.

Respecto al perfil del estudiante que me dices: ¿Más consciente, más pasivo? No puedo decir si es que hay un promedio pero lo que sí creo es que los estudiantes que entran ya saben que las ciencias como la historia, el entender al otro, etc.  no les importa mucho. Sin embargo, he conocido a estudiantes que sí comparten esas…

Intereses.

Exactamente.

Ya siendo más crudos. La economía es una ciencia… Si tú estabas hablando de empoderamiento, es una ciencia empodera. Empodeda. Empode-ra…

Empoderada.

Empoderadísima.

Recontra.

Entonces los estudiantes, sabiendo eso, entran… ¿para colocarse? ¿Tú crees que es eso?

Sí, sí. Tiene mucho que ver. O sea, la ciencia como tal es empoderada. Porque tienes a un mercado que te solicita profesionales en Economía, tienes a un Estado que está cooptado, lleno de economistas. Entonces la Economía como ciencia está empoderada y además te empodera. Empodera tu discurso como estudiante porque… el discurso de un antropólogo no es equivalente al de un economista o al de un ingeniero. Y eso. ¿Esa fue tu pregunta?

Y entonces, ¿cómo te colocas tú en eso? Porque comparando la Economía y la Antropología, si bien la Antropología te da un conocimiento más certero [en cuanto al panorama social], está al margen. Entonces, tú hablabas de que “te empodera”. ¿Qué tipo de empoderamiento recibes de la Antropología? O sea, en este escenario: ¿Cómo entender tu aspiración…?

–¿Por qué estudiar Antropología si no me empodera?

Claro. En lo concreto no te empodera socialmente. Te dicen que eres “picahuesos”, “borracho de la puna”.

Y comparto, comparto.

–¿Entonces por qué?

Por lo que te comenté en un inicio, ¿no? Es más un tema de querer entender las cosas desde un enfoque distinto. Y es muy cierto lo que tú dices. Efectivamente la antropología… Bueno, en general acceder a un sistema de educación superior y de, entre comillas, la mejor universidad del Perú, ya estás empoderado de alguna manera. Sin embargo, no es lo mismo ser un ingeniero o un economista, a ser un antropólogo. No es casualidad que la mayoría de funcionarios públicos o líderes provengan de estas ciencias duras.

El ministro de Educación.

De educación, de salud, de vivienda. Hay una hegemonía de estas ciencias. Eso lo tengo claro. Yo sé que mi discurso no se va a ver mejor legitimado por ser antropólogo pero para mí es como entender más o querer entender de una manera distinta las cosas.

 

¿Cuál es tu “Perú Avanza”?

Me tiene inquieto el tema de la desaceleración de la economía en el Perú (en realidad, en toda Latinoamérica). Alan dice que el PBI empezará a crecer como en su gobierno si lo eligen. Boberías. Ni posible ni trascendente. Ni posible porque el auge de estos años se produjo por el alza de precios de nuestros minerales y del hambre chino y ese tiempo no volverá en el corto ni mediano plazo; ni trascendente: ¿a quién le importa el PBI si no es a unos cuantos pocos? El chorreo no es digno y la corrupción y las inversiones pro desarrollo humano a nivel nacional ya nos dicen sobre lo relevante que es el dinero oficial para los más oprimidos. Empieza la segunda parte de la entrevista.

–¿Ya estamos en una crisis? ¿Ya la estamos viviendo? ¿Siempre estuvimos en crisis? Si vemos la educación, el comportamiento de la gente… Pero centrándonos en lo económico, ¿cómo podríamos entender lo que ya estamos viviendo, lo que vamos a vivir  o lo que se estuvo viviendo hace unos años? Me refiero a la…

Desaceleración.

Tiene razón, Arturo. No hace falta ser un experto para saber que, como dependientes, si EE.UU. o algún país poderoso estornuda, nosotros nos resfriamos. China ya dejó de comprar y “el Perú se va a la mierda”. Y eso es de toda la vida. Hay que mirar nomás la época del guano.

Pretendo ir un poco más allá: ir hacia los imaginarios: Como generación, ¿cuáles serían las reacciones? Tomar en cuenta el discurso alanista de “El Perú Avanza” y la Lima más acostumbrada al consumo. ¿Sabrá la gente manejar la desaceleración?

Arturo delimita al país entre el ámbito urbano y el ámbito rural. El primero se beneficia más, el segundo apenas recibe las gotas del chorreo. La clase media, principalmente citadina, se verá afectada, pero también el sector rural con la disminución del canon. No habrá ingresos. “Y si no tienes plata, no tienes para la inversión pública, que se traduce en colegios, saneamiento, agua. Entonces va a chocar”.

Insisto: ¿Puedes aproximar las dimensiones que tendrá esto? ¿Cómo tendría que reaccionar la gente ante esto?

Es que es yuca, Humbertixon. Ni un economista, ni el más experto te puede responder, predecir lo que va a pasar.

Ante la imposibilidad de la respuesta, el entrevistado se vuelve, solo por un momento, el entrevistador.

Lo que suceda en las ciudades es distinto en sectores más deprimidos, más pobres, más excluidos. Eh… El crecimiento que hemos visto, te pregunto: ¿cómo lo hemos sentido nosotros? No hay manera de… Hemos estado en crecimiento, pero tú, ¿cómo lo has sentido?

De pronto en mi casa he sentido una mayor capacidad de adquisición pero es porque mi madre se ha endeudado. Así que ese es mi “Perú Avanza”. Mi madre se ha endeudado.

 

Poco margen al saber

Un periodista debe conocer su tema, ir a profundidad. Si es periodista económico es indudable que paseará sus ojos por las secciones de economía de los diarios y manejará conceptos de tal índole, ¿pero y el ciudadano de a pie? ¿Cómo maneja el tema de la dolarización, las alzas y bajas (considerando los vaivenes internacionales, la FED, China, el petróleo, las guerras, etc.), la inflación, superávit, el dinero que compleja y convenientemente manejan las AFP’s? Todo esto pertenece al ámbito de la economía pero por lo sensible que es para las capas sociales no pareciera haber un interés por que se haga comprensible. Entonces…

–¿La economía es difícil en sí o la han hecho difícil?

Mmm… En general yo creo que cada ciencia utiliza… Yo recién aprendí hace un semestre qué es la alteridad, término antropológico. Entonces cada ciencia construye sus términos. No sé si necesariamente lo hacen para establecer un poder aparte del conocimiento. Lo que sí es importante, y que es distinto a la creación o no de términos complejos y difíciles, es el acceso al conocimiento que te permite entender esos términos. Un ejemplo claro eso. Te pregunto: ¿Sabes qué es la TEA, o la TREA, o la TESEA?

No…

Y, claro, la mayoría de nosotros no lo sabemos. Bueno, son tasas de interés con las cuales los bancos te cobran los intereses o te dan por tus ahorros. Entonces, no es que sean difíciles los términos, sino nosotros no tenemos acceso a la información que nos explique qué significan esos términos. Y para eso tiene que haber políticas públicas que obliguen a las instituciones financieras a que esos términos sean enseñados de manera más horizontal, más entendible, etc.

–¿O sea ya tomar medidas respecto a hacer llegar la información?

Y las hay. Hay políticas públicas que está tratando de incentivar a que haya un mayor acceso de información por parte de personas que no la tienen. Eso es un elemento importante. O sea, más que el término difícil es el acceso a la información.

 

Arturo: tipo de Izquierda

Desde el 2007, Arturo ha pertenecido a diferentes grupos de izquierda. “Por dónde no he pasado”. Le pregunto: ¿Cómo defines tu ser de izquierda?

–(Eres pendejo…) Es muy difícil de responder esa huevada. Galeano creo que decía que uno nace comunista, no se hace. Pero yo creo que una buena definición es cómo te miras en el otro, ¿no? Sí, porque básicamente es eso. Cuán indiferente permaneces ante la situación del otro. Y mientras más te preguntes eso, mientras más te preocupe eso y mientras más, no sé si sinceras, lo sean y cuántas sean ganas tengas de cambiarlo, puede ser que eso te haga de izquierda. Pero no lo sé. Probablemente la gente se acerque a la izquierda por otras circunstancias. Pero la joda de ver que alrededor tuyo, o sea, estamos hecho mierda, esa rabia, esa molestia, esa incomodidad, es algo que te puede terminar vinculando a esos cambios que quieres hacer y que en teoría la izquierda ha alzado como sus banderas principales. El cambio social, la igualdad de oportunidades.

Reflexión para la acción: ¿tu interés por la Antropología puede relacionarse con ese accionar?

Sí, yo creo que…

Conoces una situación entonces te indignas.

Sí, en parte. Más que la indignación. No me he puesto a pensar conscientemente la relación entre mis intereses políticos y mi estudio de Antropología. Sí, puede ser que estén muy relacionados. Claro que sí. Pero, tampoco quiero permanecer para siempre en las aulas de estudio, produciendo intelectualidad. Quiero hacer algo. Conozco a muchos profesores que son genios, que son muy buenos en lo que hacen, pero que solo termina siendo eso. Ciencia, intelectuales, pero… También necesitamos intelectuales que arriesguen.

Le menciono a sus profesores de la PUCP: Pedro Francke, Alan Farlie, que acompañan a la candidata Verónika Mendoza en este difícil y pavoroso 2016.

Exactamente. Yo creo que si articulamos la academia con la política, un poco más, puede haber mejores resultados. Ojo, eso no es tecnocracia. La tecnocracia es… es el poder que te otorga la ciencia para sobreponerte de la política. Los tecnócratas huyen de la política. Lo que yo creo es todo lo contrario: que la academia converse más con la política. Que se articulen más para producir mejores resultados.

–¿Cuál es tu relación con la política?

Hasta hace poco estuve en un colectivo de estudiante de la universidad que se llamaba RC [Refundación Comunista], pero ahora estoy pensando, ahora que se vienen las elecciones, activar más, participar más, desde los movimientos que te acojan. Estoy conversando con algunas personas del Frente Amplio (más que hacer política) para apoyar a la campaña, porque creo que el cambio institucional que necesita el país es a partir de hacer política. Y mientras las personas encuentran los espacios adecuados para hacer esa política, mejor. Y bueno yo estoy en esa situación ahora: buscando un espacio político que me permita hacer algo.

Foto: Fruta Fresca

Dia de la entrevista 06-01-16