Fuiste fulminante,
fuiste clara,
fuiste tajante,
¿Ahora mandas todo a la mierda?
Cometí el error de quererte,
de sobrevalorar lo nuestro,
pero la gran equivocación que tú cometiste fue seguir la farsa.
Yo te quería,
no tanto como lo que escribí, pero sí te quería.
Supuse que también lo hacías cuando me decías “yo también”.
Yo te advertí que era romántico,
pero no te importó.
Te alejaste por eso,
y ahora vuelves.
¡Te había superado!
Ya había sufrido todas las etapas.
¡Intenté dormir por mucho tiempo por el dolor!
Yo ya te sufrí los suficiente.
Yo ya te lloré demasiado.
No merezco una conversación más contigo.
No merezco volver a pasar por todo lo que pasé por ti.
Si sufriste o no, ya me tiene sin cuidado.
Ya no quiero saber por qué me cortaste.
Tan sólo tengo dos preguntas:
¿”aquí acaba todo” no implica TODO?
Cuando lo leí,
poniendo de lado las lágrimas y la rabia,
pensé que terminaba la amistad.
Terminaban las mañanas viendo tu foto para tener ánimos de continuar.
Terminaban las tardes de besos y tomadas de mano.
Terminaban las noches hablando.
Terminaban los días de enamorados y de amigos.
Terminaba todo,
pero al parecer para ti, no era todo.
¿Por qué me hablas?
Eras alguien importante en mi vida.
Me importabas mucho.
Te quería, o al menos eso pensaba.
No me molesta en lo absoluto hablar contigo (apartando el hecho que se acabó todo).
Tan solo quiero saber la razón por la que inicias una nueva conversación.
La razón por la que mi dolor regresa.
La razón por la cual todas mis etapas de sufrimientos volvieron desde la mierda.
La razón por la que vuelvo a pensar en ti.
La razón por la que el sueño se volvió pesadilla.
Pero, bueno, ¿qué puedo decir? Al fin y al cabo “somos amigos”, ¿verdad?