En un mundo en que la política aparenta polarizarse cada vez más, las futuras elecciones norteamericanas parecen ser el escenario de un choque entre las dos corrientes políticas imperantes en ese país: un progresismo que no demuestra algún triunfo actual y una derecha cada vez más reaccionaria e incluso violenta.

En cuanto al Partido Demócrata, una sorpresiva oleada de candidatos de diversos orígenes inundó sus elecciones primarias. Entre los nombres más sonados se encuentra Bernie Sanders, el representante del ala más izquierdista del partido, así como diversos políticos de gran trayectoria en el partido. Entre ellos, Julian Castro, Cory Booker, Kamala Harris y Elizabeth Warren, la candidata con más posibilidades de ganar estas elecciones. Por el lado del Partido Republicano, el magnate Donald Trump ya ha manifestado su interés de volver a postular pese a las disputas que tiene contra miembros de su propio partido. Asimismo, si bien Mike Pence, el actual vicepresidente de Trump, es uno de los más voceados a postularse en estas elecciones primarias, este ha negado públicamente su interés en hacerlo. Así, el único otro candidato confirmado por el Partido Republicano es el libertario Bill Weild.

Mientras que en el Partido Demócrata existe una mayor diversidad política con integrantes que van desde los autodenominados socialistas democráticos hasta los clásicos rostros del liberalismo del partido, en el caso republicano ambos candidatos no se alinean al ala moderada de su partido. En ese sentido, Trump mantiene su posición con la extrema derecha mientras que Weild posee una línea política individualista en extremo que incluye políticas de drástica reducción de impuestos, así como la eliminación del Seguro Social y el salario mínimo.

Esta actual polarización política en los Estados Unidos se evidenció incluso más en las últimas elecciones congresales, las cuales tuvieron entre los ganadores a Alexandria Ocasio-Cortez, una mujer abiertamente socialista de origen latino y a Ilhan Omar, una activista feminista de origen somalí que tiene un discurso bastante transgresor al demócrata usual, pues constantemente critica acciones de su propio partido como el hecho de que muchos demócratas apoyen al Estado de Israel. Además de ello, las intenciones de Bernie Sanders de volver gratuita y universal la Salud Pública en los Estados Unidos, así como otras fuertes políticas de redistribución económica demuestran inusuales tendencias de la izquierda norteamericana.

¿A quién beneficia esta polarización política? En las últimas elecciones presidenciales de los EEUU, Trump ganó con esta polarizante e intrépida forma de hacer política frente al discurso progresista de Clinton. Pese a esto, Warren, quien es usualmente comparada con ella, sigue haciendo uso de este discurso y se promociona como representante de distintas minorías raciales, culturales o sexuales sin tomar una posición muy radical, con lo que se mantiene cerca al liberalismo típico de su partido. Quizá el caso más gracioso que muestra cómo se desarrolla esta dinámica de discursos entre el Partido Republicano y el Demócrata es que, recientemente, Warren declaró que tenía ascendencia de nativos americanos e incluso presentó un examen de ADN para probarlo; todo con evidente intención de promocionarse como la defensora de las minorías marginadas. Ante ello, Trump respondió burlonamente en Twitter apodándola Pocahontas: “Pocahontas (la mala versión), a veces referido como Elizabeth Warren (…) tomó una prueba de ADN falsa y demostró que ella puede ser 1/1024, mucho menos que el estadounidense promedio. Ahora la nación Cherokee la niega, ‘la prueba de ADN es inútil.’ Ni siquiera ellos la quieren. (…)”.

Entonces, ¿Las políticas más radicales de la nueva tendencia socialista democrática del Partido Demócrata son la solución? ¿o podrían más bien resultar en un desastroso fracaso? La pugna Sanders – Warren en las elecciones primarias del Partido Demócrata definirá si el extremo conservador o, por el contrario, el más izquierdista será quien tome las riendas de las futuras elecciones. Nadie está seguro aún si la estrategia clásica de los demócratas vencerá al Partido Republicano o si quizá la apuesta más radical del mismo sea la respuesta para su victoria. Pese a esto, todo parece apuntar a que Trump, una vez más, representará una férrea oposición. ¿Es lo radical la respuesta vencedora o será una ventaja para el Partido Republicano?