Imagina que estás despierto, sin presiones ni rasguños; sin ningún trabajo por el que preocuparte; sin estrés, compromisos o ataduras. Que sales de tu casa así, ligero, con el chaleco de la energía puesto en los hombros, siendo parte del aire limeño. Imagina conduciendo tu día sin preguntas ni dudas. Sin las rutinas agitadas del trabajo o de la universidad. ¿Sería un día tranquilo, verdad? De esos que te hacen falta porque tú solo vives en la rutina agitada que la vida te da.

Pasa la vida como siempre y la paz interior se arrincona en un cuarto misterioso y paralizador. El día soleado que tanto deseaste se convierte en una nube gris sobre la sociedad. Se desvanece tu otra mitad. Te dicen que ya va a pasar, que salgas a volar y vuelvas. Pero, no saben que, sin importar cuántas veces te lo repitan, nunca será suficiente porque la motivación no solo se halla en frases bonitas, sino también en esa palmadita en el hombro y en el “ven, coge mi mano, yo te ayudo”. Si al final decides prender vuelo, ten en cuenta que podría salir bien. O podrías dar tanto que, tal vez, aún estando en vuelo te derriben.

Ante todo, lo cierto es que tu mundo se pinta de pinceladas negras. Tus amigos te piden que estés atento, pero ellos no saben de ti ni de ella. Te piden alegría a gritos, que sonrías, pero es que ellos no entienden. No entienden que este mundo enfermo no es fácil de sobrellevar. Menos con un solo guerrero que ya tiene la espalda cansada de tanto luchar. Tú necesitas ganas y fuerzas extras, no solo la idea de querer ganar, de superar. Nadie te enseña a ser fuerte. Tal vez ella, pero de la peor manera: manteniéndote callado, cohibido. En cada paso que das, ella te dificulta el poder de levantarte y caminar. Ubica sus piernas largas y pesadas por encima de ti, recostándose en tu pecho para presionar. Con la dificultad de no poder respirar crecen los miedos que no querías educar. De nada vale tenerla cerca. “Ansiedad” solo te permite ser un océano que se busca en mil ríos que nunca navegan a su favor. Te dijeron que ella no era tan mala, pero nunca mencionaron que no era diferente a los otros estados mentales que se declaran los enemigos silenciosos de nuestro concepto de felicidad.

Sé una dama o un caballero valiente quemando los versos de la gente, del tumulto del trabajo o el sobrecargo de los deberes universitarios. Mira que el sol viene a deshacer el nudo. Que eres esa frase silente entre la luz, aquella que dejará de ver el cielo gris porque ya diferencia colores. Toma tu presente y tu futuro incierto porque puede que ahora suene esa voz que lo cambia todo o puede que no y sigas partiendo tu rumbo. De todas formas, no temas, el camino también es la meta. Navega siempre hacia mar abierto con o sin mareas y truenos. Tu objetivo es dejarla atrás, sin mirarla. Nadie dijo que será fácil ni mucho menos imposible. Solo continuando sin miedo a tu muerte podrás vencerla. Ansiedad no siempre será una villana invencible.