Lo acontecido el pasado 19 de mayo en el Campo de Marte fue increíble. Una de las agrupaciones de punk californiano más influyentes de los noventa volvió a pisar suelo peruano y maravilló a un público diverso pese a los serios errores técnicos y organizativos del festival “Vivo X El Rock 10”. Problemas como el fallo del sonido en reiteradas ocasiones, la casi imposibilidad de movilizarse entre los escenarios, las deplorables medidas de seguridad, y el angosto e insuficiente espacio que brindó la Av. De La Peruanidad fueron factores que provocaron la insatisfacción de los asistentes con dicho festival. Sin embargo, todo esto fue ser sobrellevado por los miles de adolescentes, jóvenes y adultos que, minutos antes de las 10:00 pm, aún mantenían vivas las ansias de ver en escena al mítico cuarteto.

 

The Offspring preparó un repertorio de 21 canciones que recogió las preferencias de su variado público. Un público que no interrumpió ninguno de los más de tres pogos simultáneos, conformados increíblemente por gente de todas las edades, que se desarrollaron durante los 80 minutos de concierto. Quizá en esto fue donde se encontró lo más emotivo del evento. La clásica dicotomía entre niño y adulto fue transgredida. Esta encontró alguna especie de armonía aunque parezca paradójico en los interminables pogos, ritual colectivo basado en empujones y saltos frenéticos, y en el placer mismo de esta música. Fue así que pudimos observar la peculiar imagen de padres pogueando junto a sus hijos en algo que, visto desde afuera, tenía pinta de ser excesivamente peligroso.

 

Aunque es preciso indicar que el descontrol reinó por momentos. Sobre todo, cuando Noodles, Greg K y Dexter Holland se apoderaron del escenario y, ante los gritos de los casi 30 mil asistentes, comenzaron el concierto con una excepcional fuerza al interpretar “Americana”. Inmediatamente después, mantuvieron el pie en el acelerador y nos ofrecieron los hits “All I Want” y “Come Out and Play” antes de sorprender a todos con una versión californiana de “Demolición”, tema insignia de la banda peruana Los Saicos.

 

La primera parte del show se desarrolló prácticamente sin interrupciones. El único momento en el que la banda se permitió un descanso de sus rápidas y potentes melodías fue cuando Noodles lució una de las camisetas de la selección que se le fue aventada desde el público. Sin embargo, fue en esta sección también donde más se notaron las deficiencias del festival. Los principales afectados por esto fueron quienes se encontraban más alejados del escenario, pues una repentina reducción del volumen y,  sobre todo, un negligente plan de seguridad entorpecieron la experiencia.

 

A pesar de los defectos de la organización, el concierto siguió su curso y el público se contagió de la enérgica aura de la banda. Temas como “Original Prankster”, “Want You Bad” y “Gotta Get Away” fueron excelentes ejemplos del descontrol que se vivió durante los minutos siguientes. Y, si bien los pogos estuvieron presentes de inicio a fin, fue con los dos grandes himnos noventeros, “Pretty Fly (For A White Guy)” y “The Kids Aren’t Alright”, que todos los presentes se elevaron del suelo de una forma impresionantemente coordinada. Sin embargo, al contrario de lo que todos creían, el cuarteto californiano aún no estaba listo para despedirse. Luego de cinco minutos de oscuridad y silencio, volvieron al escenario e interpretaron “Why Don’t You Get A Job?” y el clásico “Self-Esteem” para cerrar la velada con broche de oro.

 

De esta manera, muchos revivieron aquel concierto en el Parque de la Exposición del año 2013, donde los Offspring debutaron en nuestro país. Pero, esta vez, además de obsequiarnos una canción más en su repertorio, también nos dieron la oportunidad para que una generación que no vivió el “renacimiento del punk” interactúe con una que, quizá motivada por la nostalgia, decidió asistir al “Vivo X El Rock” incluso cuando ya hayan pasado 20 años desde el lanzamiento del “Americana”. Y, aunque existe una innegable brecha generacional, fue emocionante visualizar cómo dos experiencias diferentes de la misma banda llegan a congeniar y desembocar en una catarsis colectiva y solidaria de emociones muy distintas. Quizá ser joven significa más que pertenecer a cierto rango de edad. O quizá la conexión con este género musical, el punk, trasciende lo categorizable como meramente “juvenil”.