La final de la copa más esperada por el mundo se queda sí o sí en Alemania.  Bayern de Münich y Borussia de Dortmund demostraron ser los mejores de Europa. Pasaron todas las pruebas, venciendo a diestra y siniestra a todo equipo que se le cruzase. Hasta los llamados “mejores” del mundo, que dicho sea de paso demostraron en los cuartos de final ser equipos comunes y corrientes, fueron derrotados por estos habilidosos y esforzados germanos.  No solo demostraron habilidad, no solo demostraron perseverancia y no solo demostraron regularidad, estos equipos demostraron amor propio, disposición a darlo todo, a matar por su camiseta, por aquel club por el cual firmaron, cuya firma selló el pacto de reciprocidad de las dos partes, partes que hasta ahora los dos han cumplido: lo jugadores cumplen con su labor en la cancha (y sí que la han cumplido) y los clubes con sus remuneraciones y premios.

Quiero hablar primero de Borrusia, el sentimiento y el concepto que ahora tengo de ellos es inevitable hacia ellos. No suelo hablar de experiencias propias, pero esta es una oportunidad buena. El pasado año jugando Fifa 2012 y este jugando Fifa 2013 con algunos amigos, sucedió algo interesante que solo en Fifa puede suceder: Borussia de Dortmund le ganó a Brasil. Yo era Brasil; mi amigo, Dortmund. Terminado el partido dijo algo que a continuación parafrasearé: “Si Kagawa sigue, Dortmund campeona la Champions; si se va, puede ser. Ellos van a ser grandes este año”.  Esa frase la negaron todos en la sala, absolutamente todos los que estamos allí. Las bocas ahora las tenemos tapadas. Pasemos ahora de la ficción a la realidad, y analicemos qué ha traído a un equipo relativamente chico de Alemania a ser el tema de conversación de los fanáticos del fútbol mundial.

La realidad no es casualidad, si vemos la campaña que ha hecho este equipo de Alemania, es una casi impecable. Los partidos los ha sabido ganar y luchar pensando siempre en su rival. No es fácil hacer eso, implica dedicación, esfuerzo, trabajo duro mirando siempre cómo atacar al rival. Lo que he podido notar es entonces que cada partido para ellos es diferente. No lo plantean acorde al resultado que necesitan, sino acorde al rival que tiene en frente. Esto es combinado con su condición, si es de local es un equipo netamente atacante; si de visitante, equipo equilibrado y equilibrador, nunca defensivo netamente. La fecha contra Real Madrid fue así, y mostró un resumen de la temporada. Evidentemente, la emoción de jugar contra un grande influye, pero el planteamiento fue casi perfecto. El de local atacó todo el partido. Fue un trabajo de contención exitoso, y una efectividad muy buena. El de visitante fue equilibrado. Sabían que se jugaban la vida, que 3 goles para los españoles era posible; sin embargo, hicieron todo lo contrario a lo que cualquier equipo común hubiese hecho: atacaron. Ese factor fue el más influyente a mi parecer.  Atacar a un equipo como Real estando de visita no solo impresiona sino que desconcierta al equipo contrario, pues piensa que vendrá a quedarse en su arco. Ese contante empujar, fue lo que llevó al equilibrio del partido. Partido, que por la misma razón, se jugó mayormente en el medio de la cancha, siendo de tránsito a veces lento. No obstante, en este buen trabajo, el cansancio pasó facturo al final del partido.  Para beneficio de los alemanes, solo recibieron 2 goles.  Parecida pero diferente fue la historia de su similar, el Bayern de Münich.

De los rojos no hablaré mucho, pues en la cancha hicieron del fútbol el arte más perfecto. De verdad, que tanto el planteamiento como el rendimiento de cada uno de los jugadores (del primer y segundo partido) me dejaron sin palabras. Roben, Ribey, Gómez, Dante, Müller, y todos los demás (cuyos nombres son muy difíciles de escribir) hicieron de esta semifinal, una semifinal casi soñada.  Vencer a un equipo como Barcelona es difícil, pero ellos lo hicieron parecer tan fácil.  Increíble, casi un sueño, el sueño perfecto: batir un record no solo en Alemania sino también en España, estar en la mira del mundo, estar a punto de sacar un clavo que quedó incrustado el año pasado, entre mucho otros.  Bayern planteó dos partidos distintos pero con el mismo objetivo: clasificar a la final.  En Alemania controlaron la totalidad del partido comenzando desde el minuto 5.  Barcelona fue para ellos un equipo más al que había que sacar del camino con un pequeño empujón para que salga volando.  De vuelta, un estadio que solo vio la lenta derrota de su equipo sin alentar, sin amor, sin pasión, sin ilusión. Eso no es una verdadera hinchada. Ese no es un espectáculo, el fútbol es para vivirlo.  Y tampoco es para cobardes, palabra que voy a usar para el técnico del equipo catalán. Qué clase de entrenador deja en el abismo a su equipo, qué clase de entrenador deja de lado el campeonato más importante del año de esa manera. Si el equipo del que soy hincha se deja ganar de manera tan cobarde, me sentiría tan decepcionado no de los jugadores, no del técnico, sino de la historia, de la pasión y hasta del fútbol mismo.  Bayern se aprovechó de esa dejadez para marcar 3 goles que de contraataque vencieron el arco español.  Qué buen partido hicieron los alemanes.

El fútbol es pasión, táctica, amor propio, reciprocidad, técnica, valor, disposición, etc.  El fútbol es arte.  Cualquiera no puede hacer fútbol, y no siempre se puede hacer fútbol.  Los equipos alemanes nos han demostrado que todo es posible.  Nos han demostrado que son verdaderos merecedores de luchar.  Mejor dicho, de seguir luchando.  Empiezo con ellos a creer que el cernidor que fueron los octavos de final dejó a los españoles pasar de frente, pensando en que por llamarse grande hacen fútbol. Bueno, los de Münich y Dortmund sí pasaron los requerimientos necesarios, sí mostraron que son capaces y sí demostraron que el fútbol no solo es hacer rodar la pelota.  No esperamos una final soñada, no esperamos la final del siglo, pero esperamos garra, valor y buen fútbol.  Una final que para mucho (y quién sabe si no se equivocan) será aburrida, pero será una final sin ninguna duda de buenos equipos, de lucha hasta el final. Si la final acaba en goleada, será una aburridísima.  Si no, será tal vez una de las mejores que veamos.  A esperar sentados lo que viene, pacientes y ansiosos por verla. Tranquilidad, tal vez sea la final soñada.