No es necesario recordar al común de los peruanos las razones por las cuales la debacle de Alan García se ha producido. El primer presidente del partido político con más seguidores en la historia del país logró obtener un segundo gobierno para luego ser despedido de la arena política con un indecente 5% en alianza con su tradicional enemigo electoral (el PPC) en las elecciones pasadas. La muerte política estuvo acompañada de la muerte cívica. En efecto, la principal crítica que recae sobre la figura de García es la pretensión de corrupción. Aunque nada llego a comprobarse, las acusaciones de enriquecimiento ilícito y uso de la función pública de formas indebidas siempre han estado sobre la cabeza de García. Hoy en día, con el auge de las investigaciones por el caso Odebrecht, una vez más la espada señala al ex presidente.

García parece tener una habilidad maquiavélica para ocultar su comportamiento real y escapar de la justicia. Pero no tiene por qué creerme el lector, es mejor que lo deduzca, puesto que, como se sabe, “no hay nada legalmente comprobado aun”. Por esa razón, este artículo comenzará citando a un personaje que conoce, como pocos, la trayectoria política y –supuestamente- corrupta del expresidente. Fue un 3 de abril del 2016 cuando el candidato presidencial Fernando “Poppy” Olivera le recordó en el Debate Presidencial a García sus “pecados”, porque para él, este personaje “encarna[ba] la impunidad (…) porque [tenía] que responder ante la justicia por el enriquecimiento ilícito, por el BCCI y los Mirage, y el fiscal Morgenthau. Por el dólar MUC. Por la fundación Rayons de Soleil que usted creó en Ginebra. Por el caso Lavajato y las coimas de Odebrecht…”. Esta larga lista de reclamos no se los inventó el ex parlamentario Olivera –de haberlo hecho no habría tenido la respuesta que tuvo. En realidad, esas demandas que hoy la sociedad peruana interpone al ex presidente García corresponden a una serie de acontecimientos que es prudente recordar.

El primer gobierno de este polémico político tuvo un periodo de gracia de dos años en que las medidas económicas heterodoxas lograron reflotar la demanda interna y mantener la economía en números azules. Sin embargo, todo comenzó a desmoronarse cuando perdió el apoyo del sector empresarial reunido alrededor de los llamados “doce apóstoles” tras la decisión de nacionalizar la banca. Mucho hay de controversia sobre el manejo político que realizó García en su primer gobierno, pero por ahora eso quedará para otro artículo, en lo que a este respecta, lo fundamental son las acusaciones de corrupción que salieron a la palestra pública luego de que los medios y los empresarios le restaran su apoyo. La política del dólar MUC, por ejemplo, pretendía dar un acceso privilegiado a las divisas extranjeras a una tasa subsidiada más baja como una manera de apoyar a la industria nacional, pero también resultó fuente de arreglos políticos y de beneficio para unos pocos. Asimismo, junto con la corrupción de la política económica se introdujo una burocracia aprista en los puestos importantes de la administración pública que copó las instituciones y fue clave para la “impunidad” posterior del ex presidente.

Luego que García dejara el mando tuvieron lugar las revelaciones más importantes. Un caso que resaltó por sus características fue el de los aviones Mirage. El gobierno de Belaunde había dado una orden de compra de 25 aviones Mirage 2000 a la empresa estatal francesa Avions Marcel Dassault, pero después García dio la orden de dar marcha atrás en la compra, alegando ante la nación que era necesario gastar menos. Se pensaba que esta operación había sido pensada en un contexto bélico como la Guerra de las Malvinas, no obstante, en el gobierno de García esta compra traía mayor carga en un momento de dificultades económicas. El asunto fue que, al parecer, el gobierno aprista en lugar de beneficiarse de venderle los aviones extras a terceros, parece haber desistido de la compra en nombre de su amistad con el traficante de armas libanés Abderraman El Assir, lo que habría incluido una transacción que habría llegado a García a través de una cuenta en el BCCI, según como lo informaba Robert Morgenthau, el fiscal de distrito de la ciudad de Nueva York a cargo del caso.

El gran problema de este mandatario era el desbalance patrimonial. Si García llegó al poder sin ahorros, cómo es que cinco años después, su patrimonio podía ser mayor al que generaban sus ingresos. Así, la comisión señaló a García como presuntamente partícipe de una operación para generarse beneficios personales a través del ejercicio de la función pública. La primera comisión (Fernando Olivera, Pedro Cateriano, Lourdes Flores Nano, Fausto Alvarado, Jorge del Castillo y Luis Alvarado) tuvo una opinión en mayoría (exceptuando a los últimos dos, ambos apristas) que señaló en esa dirección. Sin embargo, aunque se le suspendió de la inmunidad que poseía como senador vitalicio al ser ex presidente, la primera corte peruana suspendió el caso.

García fue blindado por una justicia parcializada; una de las razones que aducía Olivera para desprestigiarlo. Pero esta no sería la única de sus escapadas. No es menester de este artículo contar la historia completa de las –todavía- “presuntas corruptelas” de las cuales García ha tenido la capacidad para librarse. Sin embargo, esta corresponde a una buena introducción al asunto. Admitámoslo, este lío de la embajada de Uruguay va a continuar por un buen tiempo, qué más da si terminamos o no aquí su trayectoria. La próxima semana puede cambiar el tono de la información, en todo caso, para Olivera y su legión de admiradores contemporáneos, “Alan todavía tiene que caer”.

Continuará…

Agradecimientos a Armando Vega del Mas