El día domingo 19 de enero, en el suplemento El Dominical del diario El Comercio, Alan García sorprendió nuevamente al país mostrando una faceta suya hasta hace unos meses desconocida. En esta oportunidad, la conmoción en el ambiente “intelectual” limeño no fue generada por un artículo al estilo de “El Perro del Hortelano”, sino más bien por una creación poética. Así como lo lee, por un día, nuestro ex presidente siguió el camino de Amado Nervo y César Vallejo  o, al menos, hizo el intento. Desde este espacio, no nos indignaremos ante la osadía de García, tampoco sostendremos que el cuerpo de Neruda se retuerce en estos momentos . Esa labor se la dejaremos a twitteros, bloggeros y a intelectuales de cafetín; aquí, simplemente, trataremos sobre la extraordinaria habilidad de García para lograr que todo el mundo hable de él.

Desde sus sobresalientes y elocuentes discursos en su juventud, pasando por los famosos “balconazos” durante su primer gobierno, hasta el famoso “baile del teteo” durante la campaña presidencial del 2006, resulta evidente que García no es de esos personajes a los que les encante pasar desapercibido. “Que hablen mal o bien de ti, no interesa, lo que importa es que hablen siempre de ti”, ese parece ser el motto que rige su vida. Cómo olvidar su famoso “Perro del Hortelano”, artículo de opinión que generó miles de interpretaciones y críticas en el mundo “intelectual” limeño. Sin temor a caer en la exageración, durante el año de su publicación, al parecer, en las mentes de nuestros sabihondos criollos no hubo tema más importante que aquel. Todos se sintieron con el derecho de crear su propio “paper” (¿?) sobre aquel trascendental tema. Mientras tanto, García se regocijaba de placer ante tal espectáculo. No contento con la notoriedad que le otorga su metro noventa de estatura y más de cien kilogramos de peso, lo había logrado una vez más: gracias a la paternidad ideológica del “perrodelhortelanismo”, todo el mundo hablaba de él. Hace unos días, fuimos testigos de otra de sus andadas. Ya no en un estrado bailando bachata con Gisela o en las hojas de un periódico, sino en el ciberespacio. En un tuit, impelía a los peruanos a colgar sus banderas en sus casas durante el día de la presentación del fallo de La Haya. Sendos palos, improperios e insultos cayeron sobre él. Pero una vez más lo había logrado: todo el mundo hablaba de él y, de paso, la discusión y atención ya no recaía en las denuncias en su contra respecto a los narco-indultos ni en el informe final de la mega comisión. Así de curioso y folclórico es nuestro país, esta hermosa tierra del sol donde el indómito inca prefirió morir y en donde los ex presidentes hablan más y reciben más atención que el actual gobernante y sus ministros. Donde al parecer, los primeros marcan la pauta (así como jugando, ya van varios distritos y provincias que han acogido la sugerencia de García), en desmedro de un oficialismo cada vez más aislado y polarizador.

Con su reciente poema, Alan García nos recuerda por enésima vez su vocación por concitar la atención en su figura y, sobre todo, lo fácil que resulta distraer a nuestros “intelectuales”. No, estimado señor intelectual de la librería El Virrey, no es que García pretenda ser el próximo Premio Nobel peruano de Literatura luego de Marito. Tampoco es que le interese ser aceptado en sus exigentes y reconocidos círculos de discusión donde se debate los vitales temas de “¿en qué momento se jodió el Perú?” o “¿si la izquierda tiene futuro?”. Tampoco es que aspire a ser el dirigente principal del Instituto de Estudios Peruanos por sus obras “Contra el temor económico: Creer en el Perú” (2011) o “Pizarro: el rey de la baraja” (2012). Con toda una vida dedicada a la política, ya deberían entender que García no da puntada sin hilo y que no existe personaje más calculador que él en  nuestro espectro político. Hace unos días, mientras el Poder Ejecutivo no paraba de pelearse con todo el mundo y en el Poder Legislativo primaba el insulto y la injuria, Alan García lanzaba uno de los pocos mensajes que promovía un grado de cohesión entre peruanos, a solo unos días de la entrega del fallo de La Haya. Siguiendo esa lógica de generar patriotismo, el último domingo publicó un pequeño poema que tuvo como contexto a la Guerra del Pacífico. Qué duda cabe que muchos peruanos consideran que una sentencia favorable a nuestros intereses simbolizaría una reivindicación ante la derrota sufrida hace más de un siglo. Sea irresponsable o no, les agrade a ustedes o no les agrade, sería mezquino no reconocer una habilidad en García para sacar réditos políticos, incluso en momentos en donde se le imputa una serie de acusaciones sobre corrupción. Fue el único que recurrió al recurso del patriotismo, en un momento que lo requería, sobre todo si consideramos el clima conflictivo de hace unas semanas. Por ello, no les sorprenda si es que él es el principal político que capitalice un hipotético fallo favorable.