La semana pasada di un paseo por la ciudad de Huaraz. Un paseo tranquilo de esos en los que no es necesario salir de la mano con miedo. Mi psicólogo me lo había recomendado: “Isa, date un respiro en aires puros”. Hice un esfuerzo por obedecerlo, empaqué maletas, compré los boletos del bus y me abalancé a mi nueva aventura.

El caso es que un día, mientras paseaba en la placita de Huaraz, una señora de tercera edad me tocó el hombro con la intención de preguntarme si quería comprarle unas cuantas chompas de lana para el feroz frío que abrazaba la mañana de esa ciudad. “Muchachita, ¿no desea una?”, me preguntó mientras me enseñaba una chompa amarilla patito. No pude negarme, pues la verdad era una prenda muy chic y elegante. Tanto fue mi gusto por ella que decidí comprarle dos. La anciana sonrío de la emoción cuando sintió el dinero sobre sus manos. Me dio mis prendas y, antes de que se vaya, le dije: “Seño, ¿no tendrá una bolsa para guardar mi otra chompa?”. “No, mamita. Ya no se da bolsitas de plásticos. Debemos cuidar el planeta, hija”. Sorprendida por su respuesta, la dejé marchar sin más explicaciones.

Seguí paseando. Mientras divagaba hallé un mercadito. Al fondo, para el lado derecho, había un stand de quesos y manjares. Decidí ir hasta allá para comprar unas cuantas delicias para mí y mis amistades. Sin esperarlo, volvió a suceder lo mismo. “¿Señorita no me podría dar una bolsa para meter mis cosas?”, le pregunté. “Disculpe, niña, pero ahora los clientes deben venir con sus bolsas y deben ser de papel”. Aún incrédula por lo que estaba sucediendo, cogí mis productos y salí del local.

El día iba transcurriendo y mi viaje se hacía más largo… y pesado. Cansada de sostener varias cosas entre las manos, comencé a preguntar en galerías cercanas si me podían vender una bolsa de plástico. Todos gritaban al unísono un NO redondo. Avergonzada ya de mi situación, intenté hacer un último intento. El chico, al que me había dirigido, me dijo: “Claro, te vendo una bolsa negra a un sol”. Indignada por el precio, me retiré de frente al hotel donde me estaba hospedando. ¿Cómo podía haber subido tanto una bolsa que antes te regalaban hasta por las puras o te costaba unos diez céntimos?

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Sin duda, estamos cambiando. Los cambios siempre me han producido una terrible curiosidad. Es un fenómeno extraño que no te deja ver un porvenir seguro. Sea como sea, por suerte, este cambio parece ser para bien.

Al inicio no había comprendido muy bien la situación en la que me encontraba. Me di cuenta de que el ser humano es muy tonto, pues recién es consciente de la destrucción del planeta cuando ve que toda la diversidad que hemos tenido está ardiendo en llamas o se está descongelando. En otras palabras, esta desgracia que está pasando en el Amazonas nos ha dado un golpe de cara contra la pared para analizar lo siguiente: la riqueza e importancia que tiene nuestra biodiversidad y todo lo que se puede perder por nuestra incompetencia.

Luego de un año de debate, el Congreso de la República aprobó la ley que regula el uso de plásticos y los envases descartables de tecnopor. Esta ley había sido elaborada con al menos 20 proyectos. Se logró aprobar gracias a los 96 votos a favor, ninguno en contra y una abstención. 

En el mundo, se consumen aproximadamente 5 billones de bolsas de plástico por año. Estas van a parar, en gran medida, en los océanos, afectando a cientos de cientos de especies marinas. Pero este dato no es nuevo, ya se ha venido divulgando por las redes y todos los medios posibles. Y no hacemos nada. No, perdón, sí hacemos algo: #PrayforAmazonas, #Prayfortheplanet, etc. ¿En serio creen que un hashtag nos sacará de este desastre? ¡Actuemos!

Este llamado de atención no es solo un jalón de ojeras para mis lectores, sino también para mí misma. Según un estudio de la Universidad de Plymouth, 700 especies marinas se encuentran amenazadas por basura plástica. De ellas, el 17% tienen el rango de “en peligro de extinción”. Dentro de este sector encontramos a las focas, tortugas y aves.

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Con la aprobación de la ley, la reducción del uso de las bolsas plásticas y tapers de tecnopor de un solo uso será progresiva y se implementará en tres años cuando entre en vigencia. Con ello, se le dará el tiempo NECESARIO a todos los supermercados, comercios, autoservicios y almacenes para poder reemplazar las bolsas de base polimérica por un material reutilizable u orgánico.

En un periodo de 12 meses se prohibirá totalmente la fabricación para el consumo interno, distribución, entrega, importación y comercialización de bolsas de plástico con una dimensión menor a 900 cm2. Por otro lado, dentro de un plazo de 36 meses, quedará absolutamente prohibida la fabricación local, importación, distribución, entrega y consumo de envases de tecnopor.

Finalmente, quiero resaltar un dato que yo no tenía en cuenta anteriormente: a partir del 1 de agosto de este año se puso en vigencia el costo por entrega de cada bolsa por parte de los negocios. Eso explica por qué los habitantes de Huaraz fueron muy estrictos con mi pedido.

Ahora, después de informarme y ver cruelmente la realidad que estamos afrontando por nuestra irresponsabilidad, solo me queda decirles algo: menos hashtags, más acciones. Para que esta experiencia sea totalmente responsable con el medio ambiente, debemos aportar conscientemente. Varios negocios ya se pusieron la camiseta, contribuyamos y aportemos con ello porque de ellos no solo depende la supervivencia de nuestro planeta.

Por ahí, mientras navegaba por Internet, hallé una anécdota curiosa que pasó en un supermercado canadiense, East West Market. Esta brindó una solución bastante curiosa para impulsar y motivar a sus clientes a no olvidar traer su bolsa reutilizable. Y es que si te apareces con las manos vacías, las únicas bolsas que tendrán a la venta serán los siguientes modelos:

El dueño de la empresa comentó que la idea de esta campaña no era humillar a ningún consumidor, sino brindarles algo de humor para que analicen la situación en la que se encuentra nuestro planeta. Al final de cada modelo se incluyó el siguiente texto: “Evita la vergüenza. Trae una bolsa reutilizable”.

Sin duda alguna, es una iniciativa curiosa, divertida y muy necesaria si tenemos en cuenta todo lo que está pasando a nuestro alrededor. La Amazonía está agonizando, nuestra flora se transmuta en candela, nuestra fauna está siendo cremada cruelmente y nuestros paisanos indígenas deben ver con impotencia como arden sus tierras. Es un deprimente panorama, pues parece que no importa mucho la vida de nuestros animales ni hermanos.

Amo la naturaleza, las áreas verdes y sus animales. Amo disfrutar de ella porque es parte de mi hogar. Nuestro hogar. Y es el único que nos queda.

¡Cuiden del planeta!

¡Hasta la próxima crónica!