Castañeda ya nos demostró que volvieron las obras; sin embargo, parece que necesita dejarlo más claro y decidió desmantelar, poco a poco, la reforma del transporte emprendida -a medias- por Susana Villarán. Al parecer, quiere dejar en claro que las obras importantes tienen que tener su nombre y es por esto que intenta olvidar los últimos 4 años de gestión para reemplazarlos por proyectos representativos de su gestión (y pintarlos de amarillo, si es posible). Aquí el acta de defunción de la reforma del transporte.

Para empezar, sucedieron dos hechos muy importantes. El primero fue renovar por 6 meses la licencia (a punto de vencer) a 322 rutas urbanas, 77 rutas periféricas y 15 rutas zonales no atendidas. Se realizó con el fin de no dejar desatendido el transporte público mientras se concesiona por 3 años, las rutas de la ciudad, pero a su vez significa mantener el mismo sistema de competencia que tantos accidentes ocasiona, como el de un Chosicano días después de aprobada la renovación. Para variar, la teniente alcaldesa asegura que “no habrán más oriones ni chosicanos”, ya que en las avenidas principales solo circularán buses con capacidad de 80 personas, sin mencionar que se continuará con el mismo sistema de transporte y que han reducido las sanciones para las unidades y empresas reincidentes. El segundo punto fue el despido de 710 inspectores de tránsito, quiénes son los encargados de controlar la exclusividad de los paraderos de los corredores viales.

¿Cómo se relacionan estos dos puntos? Con el despido, son menos los inspectores que fiscalizan los paraderos y que sancionan a los infractores, situación que es aprovechada por taxis y empresas transportistas (con sus licencias recién renovadas) para poder recoger pasajeros en estos paraderos prohibidos para ellos. Las empresas concesionarias no pueden hacer nada contra esta competencia desleal, ya que es casi imposible que una persona elija un bus azul cuando una combi o micro cobra un tercio del pasaje. De esta forma las presionan a retirarse del proyecto, ya que no alcanzan la demanda esperada y la Municipalidad no cumple con el contrato.

Además, por imprecisiones legales, se cancelaron las licitaciones para concesionar las rutas principales (Panamericana, Carretera Central y SJL) y alimentadoras (Av. Benavides, Av. Del Ejército, entre otras) que faltaban. El MEF no dio el visto bueno para estos proyectos pero el ex presidente de Pro Transporte, Gustavo Guerra, afirmó a Canal N que en este ministerio “no les corresponde emitir opinión”, además de que el reglamento que considera necesaria esta opinión, fue aprobado un día después de la licitación. En lugar de corregir los errores técnicos de la propuesta para continuarlo, se optó por anular el proceso pese a que esto podría significar demandas millonarias por parte de las empresas que consiguieron la concesión. Esto es prácticamente el fin de la reforma del transporte, un sistema integrado con cinco ejes principales que ahora solo contará con los dos que ya están en circulación, dejando a medias el proyecto.

¿Qué hará Castañeda? Poner su sello para hacer olvidar la reforma de Susana. Primero, implementar una “suerte” de Metropolitano en la Av. Arequipa como medio de transporte masivo, pese a que ni siquiera existe el espacio necesario para ese tipo de servicio. Además, se tanteó la posibilidad de ampliar un carril más en la Av. Salaverry (con la amenaza de talar los árboles) y se aprobó “al caballazo” la construcción de un by pass para unir las avenidas Arequipa, Garcilazo y Arenales, sin estudios previos (de ningún tipo) y haciendo inviable el proyecto Rio Verde, que buscaba que alrededor de 6 km del río Rímac sean ahora áreas verdes y que la Comunidad Shipiba de Cantagallo sea reubicada en un mejor lugar.

No se debería permitir que la actual gestión ponga sus intereses políticos por sobre un proyecto como la reforma del transporte, tan necesaria en la actualidad y que se encaminaba a funcionar de una manera correcta. Castañeda se acostumbró a realizar obras con poca fiscalización durante sus dos primeros mandatos y cree que aún puede actuar de esa manera, pero pronto tendrá que darse cuenta que el ya no es el actor principal en esta ciudad. Ya se descubrió que Castañeda mintió al congreso y es casi seguro que todas estas obras que son aprobadas con carácter de “urgentes”, serán investigadas y (ojalá) corregidas para que el alcalde recuerde que gobierna por y para el pueblo. Y eso que esta es solo la primera parte.

 

Extra: Carlín resume perfectamente el by pass de Castañeda.

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