¿Quién no se ha encontrado alguna vez con uno de esos versos escritos sobre muros en el lugar más cotidiano? Aburridas paredes que no habrían gozado de ninguna importancia, se convirtieron, hace casi 25 años, en los protagonistas de innumerables frases del movimiento mural-literario Acción Poética.

“¡Sin poesía no hay ciudad!” es el lema de este movimiento, que nació en la ciudad mexicana de Monterrey en 1996. Su fundador, el poeta mexicano Armando Alanis Pulido, tenía un propósito muy claro: alborotar el camino del hombre de a pie, perturbar su cotidianidad e invitarlo a reflexionar. En este sentido, Acción Poética quizá no surge como una solución, pero sí como una respuesta a la desesperanza que inundaba México antes de entrar al nuevo siglo.

Dicha incitativa gozó de tal popularidad y éxito que consiguió difundirse en América Latina: para 2012 Fernando Ríos Kissner ya había escrito sobre las paredes de Buenos Aires y, para diciembre, el movimiento ya estaba en Perú a cargo de Antonella Moyano y Jorge de la Cruz. Lo mismo sucedió con Colombia, Chile y, más tarde, se lograría replicar en Italia y España.

A diferencia de otros movimientos, Acción Poética no exige que sus miembros sean conocedores acérrimos de la literatura. Basta con que sean conscientes de su sensibilidad artística y quieran compartirla. De ahí que, el diseño con que plasman sus versos no sea sobrecargado. Es decir, un fondo blanco con letras negras y prominentes es suficiente: lo importante es qué esta escrito y a quién está escrito, no quién lo escribe.

Sin embargo, constituye un caso peculiar cómo este movimiento fue tomando forma en el Perú. Si bien empezó como la iniciativa de compartir y difundir la poesía en las calles de Lima, este movimiento surcó las fronteras de la capital y se masifico al interior del país. Rápidamente, ciudades como Arequipa, Cajamarca y Trujillo se adhirieron a esta causa; y en este lapso, los objetivos del movimiento respecto a la realidad de cada ciudad iban reinventándose.

Así, la finalidad deja de ser solo “interpelar y problematizar al transeúnte” para pasar a ser una forma de “revalorizar la poesía a través de lo urbano“. En este sentido, se refiere también a la poesía peruana; es decir, pretende ser una invitación al lector a investigar más sobre determinado poeta peruano. En esta línea, los integrantes de Acción Poética dejan de ser autores, para pasar a ser solo “difusores” o encargados de transcribir algún verso atrayente y significativo.

Asimismo, sus integrantes, y de una forma muy grata, aspiran a un fin simple y muy noble: provocar una sonrisa o un sentimiento de extrañeza para a aquel lector que, en medio del ruido, se encuentra con algún verso que lo identifique. Así, basta con alcanzar a esa persona que, en su calidad de ciudadano, en medio de los problemas de la cotidianidad, no se ha arriesgado a abrir un libro de poesía.

Son, pues, versos al paso, de la calle y, por lo tanto, de todos. Si son profundos o no, poco importa. Después de todo, el hecho de que cualquiera pueda leerla y hacerla suya, ya es democratizar la finalidad de la poesía y sacarla de los libros.

Referencias para más información:

http://textos.pucp.edu.pe/pdf/3091.pdf