¿Estás cansado de tener que lidiar con temas de ética y moral de una forma muy tradicional? O, tal vez, ¿les frustra no entender muy bien esta materia? ¡Tranquilos(as)! The Good Place y White Bear te ayudarán a lidiar estas temáticas de una forma muy peculiar. A medida que ambas avanzan, los argumentos de sus tramas comienzan a restar importancia, dejando como timón principal uno de los cuestionamientos que ha volado la cabeza de varios filósofos: ¿Qué es lo que nos hace humanos?

ADVERTENCIA: Si no haz visto ninguna de las dos series mencionadas, hazte un favor, cierra el artículo, ve por ellas y regresa aquí porque, lamentablemente, no he podido evitar soltar algunos spoilers. Si este último punto te da igual, eres bienvenido(a)…

The Good Place

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Manny Jacinto como Jason, Jackson Harper como Chidi Anagonye,  Jameela Jamil como Tahani, Ted Danson como Michael, Kristen Bell como Eleanor, y D’Arcy Carden como Janet.

La historia comienza con Eleanor, quien, tras fallecer en un peculiar accidente, despierta en The Good Place (“El lado bueno”) por equivocación. Estando allí, es recibida por Michael, el arquitecto y creador de este limbo, donde viven las personas que actuaron correctamente mientras se encontraban en vida. Eleanor no tarda mucho en descubrir que se encuentra residiendo en el lado equivocado y, con el miedo a ser descubierta y enviada a The Bad Place (“El lado malo”), decide callar y aprovechar su oportunidad: intenta aprender ética y moral para ganar el cupo en ese mundo idealista. Los capítulos iniciales nos permiten conocer mejor el buen sitio, pero este no logra ser precisamente el Edén como se nos hace creer en los primeros episodios, sino que es todo lo contrario: un vecindario idílico que funciona como la sátira perfecta del paraíso.

Para que Eleanor se convierta en buena persona y se mantenga en The Good Place, empieza a tomar clases de ética y filosofía impartidas por Chidi, un catedrático que resulta ser el alma gemela de nuestra protagonista. El entorno termina de completarse con Tahani, una joven británica dedicada a realizar obras sociales para ser halagada; Jianyu Li, un falso y extraño monje budista que intenta mantener un voto de silencio; y nuestra carismática Janet, un robot poseedor de todo el conocimiento del universo que satisface las necesidades y deseos de los residentes de The Good Place. Aquí, nuestros personajes secundarios logran obtener un rol muy importante para la trama, pues están diseñados para complementar las personalidades de la pareja principal, Eleanor y Chidi, y para que, poco a poco, podamos ir aplicando y entendiendo la complejidad de las teorías filosóficas.

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Nuestras lecciones sobre ética y moral empiezan con los tres clásicos e infaltables filósofos: Sócrates, Platón y Aristóteles. Conforme va avanzando la serie, los temas van tomando cierto nivel de dificultad para aplicarse. Como por ejemplo, el dilema del tranvía de Philippa Foot, donde se aplica las disertaciones sobre el utilitarismo. ¿Lo recuerdan? Un tren fuera de control se dirige directamente a un grupo de trabajadores que podrían ser arrollados si es que el conductor no decide girar el interruptor. Si opta por hacerlo, el carril del tren lo dirige a la vía donde una sola persona está laborando. La teoría de Philippa se basa en que una persona realiza un acto moral siempre y cuando esta otorga el mayor bien a un gran número de personas. Pues bien, si aplicamos lo dicho por la filósofa, claro está cuál es la opción que debe tomar nuestro conductor, pero qué tal si esa persona que se encuentra laborando sola es uno de sus seres familiares más queridos. ¿Qué se debe hacer ahí? Además, esta no es la única pregunta que debe surgir, sino también la siguiente: ¿es mejor dejar morir por inacción o asesinar conscientemente a los involucrados del accidente del tren?

The Good Place construye todas sus tramas en torno a las complejas obras de los grandes pensadores filosóficos. No solo ello, sino que durante sus tres temporadas juegan con la base del existencialismo: Todo individuo es un agente moral puro que, para llevar a la práctica la ética, necesita actuar con la máxima autenticidad moral. Todos estos dilemas y relativismos morales terminan influyendo sobre nuestro querido demonio Michael, quien comienza a entender, junto con los otros personajes, que la filosofía en sí puede ser el impedimento para la acción correcta en lugar de ser un camino hacia ella.

En lo personal, he sentido que en ocasiones la trama de la serie da la sensación de que ya no queda más historia que contar, pero, al final, su planteamiento y desarrollo dan un giro de guión y nos termina sorprendiendo en cierta medida. Lo que si no debo negar es que siempre tuve ese miedo de que The Good Place logre descarrilarse; es decir, que regrese al mismo tema una y otra vez o, peor aún, que intente dar un giro muy forzado a la trama de la historia. Sin embargo, al final, terminó brindándonos una tercera temporada mucho más respetable que la segunda.

White Bear

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La historia de White Bear nos habla de Victoria Skillane, quien despierta en una silla de un apartamento de Inglaterra sin recordar absolutamente nada. El cuarto se nos presenta como uno normal que cuenta con los materiales básicos de un dormitorio: una cama, una silla, un televisor, un calendario con los días tachados, fotografías, ventanas y otros objetos que han sido tocados por el calor de lo cotidiano. Victoria, al despertar, descubre que tiene las manos vendadas y que en suelo hay pastillas derramadas. No sabe quién es realmente ni el por qué se encuentra en dicho lugar. Frente a ella, la pantalla del televisor le proyecta un símbolo blanco sobre un fondo negro que no guarda ningún sentido para ella. Su memoria es como una sucesión de pedazos pequeños inconexos que intentan manifestarse de manera intermitente.

Para hallar respuestas a sus interrogantes, Victoria sale de la habitación. A las afueras, hay gente observándola desde sus casas, que apuntan hacia ella con sus cámaras. Los clicks no paran de cesar y conforme va avanzando la historia, se vuelve una acción habitual para nosotros, pero que no termina de normalizar nuestra protagonista. Mientras ella va intentando encontrarle un sentido a su existencia, aparece un encapuchado con una escopeta que intenta dispararle. Las personas comienzan a amontonarse para registrar el espectáculo. Así se da inicio a una trama distópica de una aventura de supervivencia posmoderna.

Durante toda la trama, la protagonista se encontrará con diversos cazadores que la esperarán mientras ella cree que viaja a un lugar no planificado. También hallará supuestos aliados, como Jem, quien le explicará lo que está sucediendo: el símbolo blanco sobre negro, llamado Oso Blanco, ha ocasionado que las personas se volvieran espectadores mas no agentes, lo cual termina limitándolos siempre a registrar todo evento que se les presente. Ni uno de ellos puede hablar con ella, pues su función es que las imágenes se multipliquen al infinito sin ninguna interferencia.

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Lenora Crichlow como Victoria Skillane

Para acabar con toda la pesadilla, Victoria y Jem viajan al sur con la intensión de destruir los transmisores de la señal. Una vez estando allí, es guiada sutilmente al cuarto de control de Oso Blanco, donde se desata una batalla. La historia da un giro de 180° grados y delata su intención cuando la protagonista, al parecer, a tomado el control de la pelea. Todo era un montaje, un tétrico show de Truman. ¡Vaya que la broma no tuvo nada de gracia! Pero el show aún no acaba ahí, pues se vuelve a repetir una y otra vez de forma obsesiva y morbosa. La intención de este acto repetitivo se sustenta como el castigo ejemplar para todas las personas que no actúan de forma ética y moralmente correcta con su prójimo. La razón es que Victoria Skillane secuestró, junto con su pareja Iain Rannoch, a una niña de seis años de edad, Jemima. No contentos con lo realizado, Iain decide prenderle fuego a la pequeña mientras Victoria se limita a grabar la terrorífica escena. El grafema del Oso Blanco se convierte en el símbolo de búsqueda de Jemima; por ello, se ve sobrecargadamente en toda la trama.

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¿Esto podría considerarse un castigo ejemplar y justo? No lo puedo definir del todo. Por un lado, lo noto escalofriante: parece nunca acabar. Es más notorio cuando ves que el calendario de la pared no marca en sí el final del castigo, sino la sucesión de este. La escena culmina con la exhibición de Victoria en una furgoneta con cristales blindados. Se le borrará la memoria, que seguramente le dejará secuelas mentales. La angustia de la persecución y la incertidumbre se repetirán una y otra vez. Los relojes se ajustarán y sus actores volverán a sus puestos. Más que considerarlo un show, deberíamos verlo como un centro de justicia donde se le paga con la misma moneda al criminal.

A White Bear in The Good Place

Tengo una pregunta para los que han visto las dos referencias audiovisuales mencionadas líneas arribas. ¿Han notado que ambas manejan ciertas similitudes, a pesar de manejar géneros muy distintos y contradictorios? El corazón de ambas tramas, en lo personal, se basa en divagar en los dilemas morales y hacer una reflexión acerca de la complejidad de implicaciones que se encuentran en un mundo globalizado.

El show de Truman es el eje que une la similitudes de ambas series. ¿De qué va? ¡Sencillo! Se nos muestra un reality donde nosotros, como espectadores, somos conscientes del experimento que se desarrollará a continuación mientras sus protagonistas lo ignoran totalmente. Así, entramos en un plano surrealista a diestro y siniestro. Los personajes de ambas historias nunca logran ser libres mientras no se dan cuenta de la situación. Por el contrario, se sumergen en las circunstancias premeditadas que, con el transcurrir de las horas o días, logran adaptarse cada vez más. Se vuelven un mero personaje para nuestro entretenimiento. Cuando por fin las historias dan un giro; es decir, cuando se revela el show, se nos obliga, implícitamente, a replantearnos toda la historia que se nos contó.

En ambas series se logra entender este show como un mero entretenimiento por el cual pagar. El castigo que se les aplica tanto a Victoria, Eleanor y sus amigos se basa en repetir lo mismo una y otra vez. Acabada la función, los resetean para que puedan iniciar nuevamente con el juego. Quizás en The Good Place, esto acto no se ve como una crueldad, pero lo es. El género que maneja la serie nos hace obviar la violencia y brutalidad que ejercemos cuando somos partícipes de este experimento que nos vuelve insensibles al sufrimiento del otro. Tal como yo lo veo, White Bear podría ser una pequeña avenida que podría montarse dentro de The Good Place, pues ambos pertenecen a este mundo enfermo idealizado en uno de los círculos del averno que nos plantea Dante Alighieri, personaje en quien se inspiró Michael para poder crear su sitio bueno.

Tanto como para White Bear y The Good Place, podemos ver que no se les recrea un infierno a sus protagonistas con la intención de que aprendan una lección, sino de hacerles sufrir por lo que cometieron para que puedan entender mejor las consecuencias que tuvieron sus acciones. A esto se le suma la angustiosa y desesperante repetición del macabro experimento. En ambos casos, se les borra la memoria a los personajes para dejarlos completamente fuera de juego. Si bien a Victoria se le debe develar explícitamente lo que están haciendo con ella para que entienda cuál es el fin del juego, y en el caso de The Good Place, los personajes son los que descubren y destapan el experimento, el fin es el mismo: torturarlos día tras día para equilibrar, de cierto modo, los crímenes que cometieron en un pasado.

Al igual que Eleanor y Victoria, nos encontramos en una situación que desconocemos y que, al parecer, no logramos encajar del todo. Las ambientaciones parecen normales y nos sumergen en una trama lineal hasta que de pronto se da el giro de guion y nos damos cuenta que todo fue un montaje. Obviamente, la percepción que hay en White Bear es muy cruda, seria y crítica. El humor que maneja es muy diferente a la The Good Place. El sentido del humor negro resalta: el estilo peculiar de Black Mirror, punto que agradezco totalmente que siga manteniendo en sus largas temporadas, pues la serie de matices que plantean nos hacen pensar de que ningún momento se puede dar por sentado. Las cosas no son sencillas y las acciones no se pueden clasificar frescamente entre buenas y malas, pues todo se mueve en los múltiples variedades de grises. Si aún no logran entender muy bien este punto, The Good Place les hará entender mejor el panorama del que les hablo.

Uno puede intentar ser bueno, pero será incapaz de adivinar si realmente lo está siendo. Como mencionaba Michael: “ser bueno es difícil en estos tiempos”. Es correcto hasta cierta parte. No todo está perdido, podremos vivir en un mundo desigual e infeliz, pero también podemos decir que el crecimiento ético y moral no solo puede quedar como una utopía en la actualidad. Esta bien, no podemos ser buenos, pero podemos ser mejores. ¿Cómo? Dándole importancia al rastro que dejamos mientras avanzamos. Eleanor lo comprendió en todas las veces que Michael repetía el experimento. Hasta hubo un punto donde el más tonto de la serie, Jason, logró descifrar el mensaje, ocasionándole una gran indignación al arquitecto de esta tortura. De todas formas, el mensaje no se logra perder, pues nos explican conceptos tan complejos en una visión cómica.

En la temporada tres de The Good Place, la jueza nos da una receta para la siguiente pregunta: ¿Quieres ser bueno? Pues, pregunta, lee y consulta. No les hablo de coger un libro y volverse intelectuales, sino de vivir de forma consciente, teniendo en cuenta todo el impacto que genera nuestras acciones a nuestro alrededor. No estamos para crear un conflicto ético sobre si existe una posibilidad real de si somos buenos o no, tampoco para comernos la cabeza de si nacemos o nos hacemos buenos conforme a nuestros actos. La vida es muy compleja, por ello, no podemos investigar todo lo que nos rodea. Vayamos a donde vayamos, en algún momento, las consecuencias de nuestras vidas nos llevarán a realizar connotaciones negativas. La inteligencia nos da la capacidad de hacer daño, pero también nos ayuda a evitarlo.

Entonces, ¿cuál es el fin de actuar bien? ¿O por qué tenemos ese deseo innato de hacer acciones catalogadas como buenas dentro de una sociedad? Pues, porque muy dentro de nosotros, tenemos esa idea que se nos han impregnado desde muy pequeños: el karma existe. Si actúas mal, te castigarán; pero si actúas bien, te lo recompensarán. En este plano la culpa y la satisfacción comenzarán a jugar en contra de uno. Y es justamente este punto el Michael no logra entender al principio, pues, al ser inmortal, no hay consecuencias para sus acciones.

Como bien charlaba con Mayra, mi hermana gemela separada al nacer, cuando alguien actúa mal, dependiendo de su magnitud, el agente del acto termina, en algún momento, sintiendo remordimiento, porque somos seres emocionales. Nadie está libre de pasar de sus sentires/emociones, pues si intentas hacerlo comienzas a perder la cordura. Chidi lo entendió mejor cuando descubrió el por qué le costaba tanto a Michael comprender todas las teorías de ética y moral: al ser inmortal no te queda otra opción que acostumbrarte o adaptarte a la culpa, al dolor, entre otros. Y esa frase que termina siendo la pesadilla de muchos, termina siendo para los inmortales una broma de muy buen gusto: “Ojalá te pudras en el infierno”. ¡Vaya lío!

Hanna Arendt decía en su teoría de la banalidad del mal que ninguna persona es mala. Si actúas mal es porque no piensas y actúas por actuar. Entonces, ¿qué debemos hacer? Ya se los dije anteriormente: Cuestionarse, leer y consultar.

¡Hasta la próxima semana!

Agradecimientos especiales a Mayra Veramendi por haber cooperado en esta crónica.