En la noche del viernes la bicolor logró un triunfo que, si bien no fue espectacular, rompió la racha de 36 años sin poder vencer a los ecuatorianos, manteniendo así las esperanzas de llegar a Brasil 2014. La emoción de estar sextos y todavía tener chances de ir al mundial embargan completamente los corazones peruanos. Una emoción que no viene de un partido bien jugado, lo repito. Una emoción que nace del sentirse más peruano que nunca por noventa minutos. El equipo peruano logró una “hazaña” ese viernes. Tal fue la repercusión de la victoria que hoy nos creemos capaces de vencer a cualquier equipo. Hay que ser, no obstante, realistas: jugamos mal. Realmente sigo pensando que la victoria conseguida fue gracias a que jugamos como visitantes. El gol no llegó por constantes ataques, el gol llegó temprano y por lo tanto el partido se hizo abierto. Hasta el gol, el partido (y como cualquier otro)estaba tornándose a ser cerrado en el medio, sin mayor opción de sorpresa. Pero venido el gol, el partido se abrió de tal manera que Perú no pudo controlar el medio ni el lado izquierdo. Así, Ecuador atacó y no se cansó de hacerlo. Y aún más en el segundo tiempo con Caicedo y Benítez.

La selección ecuatoriana llegó a Lima a ganar el partido, se notó todo el tiempo. Sin embargo, se quedaron con la frustración de haber jugado mejor que nosotros y no poder anotar ni siquiera el empate. Lo que el primer tiempo trajo consigo fue, aparte de gol, control de Ecuador. Felizmente no fue un control total, pero aprovecharon al máximo su rapidez para atacar por los costados. Perú no tuvo una perfecta defensa, pero sí lo suficientemente sólida para resistir los ataques que comenzaban en su mayoría por el medio, para seguidamente abrirse con mayor frecuencia por la izquierda y finalmente tratar de hacer la diagonal hacia el centro. Los ataques fueron, creo yo, mayormente por la izquierda debido a la debilitad mostrada por Perú. Sin duda ni temor a equivocarme, el partido de Vargas fue flojo y mucho más fue el de Yotún. Y en el segundo tiempo ni qué decir de Ampuero, cuyo juego en algún sentido infantil casi nos cuesta la victoria.

Como ya mencioné, en los primeros minutos del partido vino el gol, fue rápido y con bastante intensidad en el medio campo. Zambrano, antes de cruzar la media cancha, mandó un pase largo que uno de los defensas ecuatorianos no pudo rechazar. Vargas tomó el balón y fue hasta la esquina, donde sacó el centro cuyo rebote dio en el pie de otro defensor ecuatoriano. La pelota se elevó después de dar un bote raro y Pizarro, como buen delantero, se encontró con esa pelota, de espaldas, e hizo una media tijera. La pelota “pidió permiso” y ¡entró en el arco! Fue un gol muy interesante, pues el pase de Zambrano no estaba bien destinado, el centro de Vargas no fue a Pizarro y este al patear la pelota, supongo, pensó todo menos que entraría. Pero gracias a Dios que así es el fútbol, de esperadas e inesperadas. De suerte. Lo demás del primer tiempo importó mucho para el equipo peruano, porque más cerca estuvo que le empataran que a asegurarlo.

El segundo tiempo fue un martirio. Recuerdo palabras de mis amigos y mi papá: “ahorita lo empatan, ahorita lo empatan”. Angustiados todos, esperando que termine ya. Gritando cada falta y criticando como si los jugadores pudiesen escuchar. Caicedo y Benítez casi nos malogran la noche. El lateral izquierdo de Ecuador, Valencia, corrió toda la cancha buscando la diagonal que diera el empate, pero se encontraba siempre con un Retamozo bien parado para dominar el medio campo, para dar tranquilidad luchando cada balón. Qué gusto dio verlo jugar, todavía hay jugadores a los que la camiseta no les pesa. Él es uno de ellos: corrió, metió, empujó. Muy buen partido de Retamozo en la media cancha.

Así ganamos. “A uno de los que está dentro de los diez mejores del mundo. No es poco”, diría el “Mago”. Sí, no es poco. Hemos puesto rojo y blanco a esa imagen de blanco y negro. Hemos ganado todos, pues sin un estadio lleno es bien difícil hacerlo. Problemas y preocupaciones fueron desfogados el viernes. El martes un partido intenso se vivirá en Barranquilla. Las probabilidades van en contra de nosotros. Sí, lo más probable es que regresemos sin puntos algunos. Pero el fútbol no tiene lógica, y no se mueve por las probabilidades. Si bien Colombia no es hoy por hoy cualquier equipo ganable, sí podemos vencerlos. Un gol hace la gran diferencia. Si regresamos con un empate, vale, pero lo importante es no perder. Unámonos todos a los que viajan, dejemos también nuestro aliento y hagámoslo sentir en Sudamérica. Hagamos sentir a todos que seguimos de pie, luchando. ¡Vamos Perú, que yo creo en ti! La ruta a Brasil 2014 no acaba, y esperemos que acabe. A seguir el festejo, que el martes jugamos treinta millones en Barranquilla.