El anuncio de que se llevará a cabo una segunda Reforma Agraria, por parte del ex-Presidente del Consejo de Ministros, Guido Bellido, trajo consigo el recuerdo de cómo se desarrolló la primera: errores, aciertos y su legado años después. Esta medida, en 1969, significó un cambio brusco en la agricultura como actividad económica, dirigida hasta ese entonces por la oligarquía y el gamonalismo. Sistema que mantenía a los campesinos y trabajadores en circunstancias deplorables y desiguales. Las manifestaciones culturales, de la misma forma, se diversificaron y empezaron a utilizarse como denuncia. “Allpa Kallpa” forma parte de un cine social y su línea política la mantuvo fuera del reconocimiento que merece. Por eso, considero que este es el mejor momento para recordarla y dar inicio a una conversación sobre por qué debería ser importante para nosotros como peruanos.

Grabada durante el gobierno de Velasco y producida por Apurímac S.A, la película nos presenta a Nemesio Chupaca, interpretado por Tulio Loza,un apurimeño que regresa a su pueblo después de vivir quince años en la ciudad de Lima. Es recibido con mucho cariño por todos sus familiares y amigos, quienes lo observan con admiración por haberse convertido en un abogado exitoso, o al menos eso es lo que el protagonista les cuenta. Percibido como un “ejemplo de superación”, muchos esperan que los conocimientos de Nemesio sirvan de ayuda para liberarse del dominio del terrateniente Vaca de Castro (Hudson Valdivia), quien los explota constantemente. Esta situación va desarrollando un caldo de cultivo que desembocará en una rebelión, en la que el protagonista empezará a tomar un rol de líder al cambiar su forma de ver a su gente y de verse a sí mismo, ahora como integrante de un colectivo.

Con estas palabras, es muy probable que ustedes empiecen a imaginar un escenario totalmente dramático. Y lo es, pero, antes y contra todo pronóstico, el film empieza como una comedia, en la que Nemesio cuenta sus anécdotas de la capital. Los primeros cuarenta minutos se resumen así, por lo que sentí que estaba viendo una producción completamente diferente. Las escenas son cortas, efectivas y divertidas, reforzadas por la tan querida picardía del actor principal como el “cholo audaz”. Pasado esto, ocurre un cambio en el tono. Se siente una súbita transición a una atmósfera oscura y dramática, que cae como un baldazo de agua helada, ya que nos volvemos testigos de los actos violentos contra los campesinos, sus ideales y su lucha por su dignidad. Ellos se convierten en los protagonistas y su presencia en pantalla transforma la película en un ambiente lleno de solemnidad. Resultará muy difícil sacar la mirada de la pantalla. La fotografía, realizada por Eulogio Nishiyama, toma un lugar fundamental para transmitir estas emociones al espectador. 

Su producción fue concebida como una crítica al sistema gamonal y una respuesta ante los años tumultuosos que precedían su estreno en 1974, aunque se hace mención a una fecha o un contexto específico, por ende, puede ser adaptada a cualquier espacio de la sierra peruana. El icónico personaje de Loza fue utilizado como el anzuelo para que los espectadores peruanos nos sintamos en un entorno más familiar. Una medida bastante audaz considerando que en ese momento no era muy común denunciar injusticias en el cine peruano. El guión es bastante directo y provocador. No deja nada a la imaginación, pues su misión es incomodarnos lo suficiente para compartir ese grito de justicia al final. La película, de esta forma, se encarga de representar diversos aspectos de dicho sistema como la religiosidad, el paternalismo, el racismo, la corrupción y las humillaciones. Asimismo, se puede observar la presencia de simbolismos (por ejemplo, la figura del caballo y del cerro) respecto a las relaciones de poder y la dicotomía ‘patrón-campesino’ a lo largo del relato, las cuales se ven reforzadas en la segunda mitad de la historia.

Quisiera compartir como dato interesante que “Allpa Kallpa” fue censurada en su momento tanto en el país durante el régimen velasquista y en Argentina por ser considerada “subversiva”, por lo que pocas personas pudieron verla en el cine y su reconocimiento fue mínimo. No teme tomar una posición política y hacerla notar con convicción. Es una película que no deberíamos perder la oportunidad de ver. Sin importar cuál sea la perspectiva que tengamos sobre estas reformas, es necesaria para nunca olvidar una triste realidad que azotó a nuestra nación y no mantenernos indiferentes ante el abuso inhumano y la violación de los derechos del campesinado. La coyuntura política y los cambios sociales que estamos atravesando permiten que sea el momento indicado para reivindicar esta obra del cine peruano.