Desde hace muchísimas décadas la educación como carrera profesional ha sido considerada por gran parte de la sociedad civil, y en particular de los estudiantes, como un camino de menosprecio, incluso como un camino a evitar. Claramente no debería serlo, pero es así. Así ocurre.

El motivo, desde mi punto de vista, surge como una consecuencia de la desproporción entre el incremento de la demografía del país con el escaso desarrollo de políticas públicas con respecto del sector educación. Es decir, la población incrementaba y el desarrollo de la educación gratuita o nacional se mantenía estancada. La consecuencia lógica fue que las personas notaron que ingresar al ámbito de la educación como profesores o similares no significaba mayor dificultad, y que más bien, garantizaba algo que dentro de los sectores socioeconómicos bajos se buscaba con insistencia: un título profesional.

Este fenómeno se puede medir con los datos extraídos de los exámenes de admisión en las universidades públicas. En las universidades públicas, como San Marcos, el puntaje requerido para ingresar a la carrera de educación es mínima a comparación de otras carreras con mayor demanda laboral. Por ejemplo, en el examen de admisión 2017-ll de San Marcos, el puntaje máximo de quien logró ingresar a la carrera de Educación Secundaria fue 1126, y el mínimo 901. Para quienes tienen experiencia o simple conocimiento de este proceso comprenderán que este es un pontaje muy bajo. Solo a modo de ubicar al lector: el puntaje mínimo para ingresar a una carrera de similar demanda como Odontología, fue 1057, y el máximo fue 1366. Mientras que el puntaje mínimo para ingresar a Medicina Humana fue 1542[1].

Muestro estos datos para objetivar algo que para muchos solo bastaría una mención: ingresar y estudiar Educación es sencillo.

Entonces, quienes han buscado y buscan estudiar esta carrera —con excepciones— son alumnos que como vuelvo a repetir, han pretendido y pretenden tener una carrera profesional, para conseguir posteriormente estabilidad laboral, y que por diversos motivos no estudiaron carreras con mayor complejidad. Algo completamente válido, respetable, y sin mayor crítica prima facie. Sin embargo, el hecho de que alumnos con un rendimiento bajo, como ya hemos visto, ingresen y estudien esta carrera, desató un problema mayor: la competencia entre los mismos estudiantes no se ha podido desarrollar. La variable se ha mantenido. Y esto inevitable y lamentablemente, ha producido generaciones de profesores de escasa competencia dentro del mismo sector.

El Estado ha buscado resolver este problema con cierto éxito gracias a la Ley de la Reforma Magisterial, además de constantes capacitaciones para los docentes. Esto satisface levemente la necesidad de profesores preparados en su materia; sin embargo, esta tranquilidad para los padres y alumnos no quiere decir que el descontento dentro de los mismos profesores haya disminuido. Aún la Educación sigue siendo una de las carreras con los peores salarios en todo el país, siendo el promedio 1350 soles.

De esta manera puedo reconocer un círculo vicioso que consiste en lo siguiente: La población docente exige al Estado un incremento de sueldo para poder mejorar su condición de vida y de esta manera convertir a la Educación en una carrera realmente atractiva para los alumnos de competitividad mayor, y de esta manera aumentar también la capacidad en el sector. Pero, por otro lado, el Estado tiene que hacer incrementos de sueldo de maneras razonables, esto quiere decir que tiene que haber una justificación donde descanse dicho incremento y que no haya desproporción con los sueldos de otras carreras que requieren mayor complejidad. Esta justificación ciertamente es la capacidad de los docentes. Pero la capacidad del docente exige un incremento de sueldo, y el incremento de sueldo requiere una justificación.

Este es un círculo vicioso que tiene que resolverse y, desde mi perspectiva, uno de estos dos sujetos tiene que ceder. O los profesores se conformar con sus sueldos y en paralelo capacitarse, o el Estado debe incrementar los sueldos bajo la presión del sector.

Al parecer, lo que se está dando es el segundo camino, pero de manera progresiva. Se dio el aviso de que se incrementarán los sueldos de los profesores contratados, incluso hasta 536 soles, mientras que para los profesores de Educación Básica Regular de Secundaria, subirá de 1243 a 1780 soles. Se espera que el piso salarial para los profesores contratados y nombrados llegue para el siguiente año a 2000 soles[2].

Esperemos que estas expectativas sean realmente cumplidas, y que por otro lado los profesores que aún se encuentran en protesta puedan sentirse escuchados y ya de una vez terminar con estos días de perjuicio para la educación nacional. Finalmente, soñar con un futuro en el que el bonito y placentero arte de educar pueda ser visto como una vocación a perseguir y no como un salvavidas.

[1] Revisar: http://unmsm.claro.net.pe/

[2] Revisar: http://larepublica.pe/impresa/sociedad/890240-maestros-contratados-recibiran-aumento-de-sueldo-en-agosto