Y a paso lento sus huellas no dejaban más rastro,
la brisa se había encargado de borrarlo todo
o, bueno, casi todo.

 

Y a paso lento se desvanecían sus recuerdos
que en momentos me ataban y no me dejaban huir,
no me dejaban vivir.

 

Y a paso lento se fue llevando todo consigo
y el camino quedaba libre y dispuesto para andar,
sin que sus recuerdos aparecieran sutil y silenciosamente.

 

Cómo quisiera no engañarme y pensar que esto es verdad,
menos mal que aún queda vida para intentar que esto ocurra
y que esto sea realidad.