“Marcos” es un joven palomilla de Chiclayo que desde hace 6 años vive en Lima. San Martín de Porres, distrito de Lima Norte, le abrió las puertas, allí se codea con la gente del barrio adaptándose a la perfección. Incluso los fines de semana tiene carta libre para hacer de las suyas en las discotecas de Los Olivos, pues conoce a los “men’s” de esos lugares de fiesta. Este hincha de Alianza Lima la está pasando bien. No obstante, como todo citadino, ha pasado las de “quico y caco” en esta ciudad que no termina de entenderse, una confusión de nunca acabar.

La tenaz defensa 

El último domingo, “Marcos” se topó con eso que hizo tristemente célebre el ex ministro del Interior, Wilfredo Pedraza, “la inseguridad ciudadana es solo una percepción”. Cuatro malhechores lo abordaron en su tranquilo regreso a casa e intentaron robarle todo lo que tenía. “Marcos”, pese a ser un tipo chévere y de fácil risa, también es bravo. Inmediatamente puso resistencia, en el acto chapó del pescuezo al más chibolo de los ladrones para no soltarlo por nada. Sus compinches se abalanzaron sobre él, lo rellenaron de golpes; pero “Marcos”, hábil él, los esquivaba y ponía el cuerpo de ese muchacho menor de edad. Todo era un huracán de golpes. “¡Sueltame pe’, causa!”, “No te vamos a robar, oe”, eran los adoquines que los amigos de lo ajeno le lanzaban para, dizque, trabajarle el sentimiento. Nada de eso: los golpes seguían.

Ya hastiados, uno de ellos se sacó la correa, envolvió su mano con ella y con la hebilla le dio en el cuerpo muy seguidas veces. Como todos sabrán, en medio de un hecho que te insta a protegerte, activando tus botones de supervivencia, el dolor desaparece por completo. Solo tratas de seguir en pie. Uno de los tantos lances que le caían como lluvia de piedras impactó en el lado izquierdo de la frente. Esa era una zona resentida pues, segundos antes, uno de los miserables le aplicó una patada en plena cara. Cuatro contra uno. “Marcos” ya estaba perdido.

A punto de decaer, los ladrones se fueron corriendo. No por piedad ni miedo a la tenacidad de este chiclayano, sino porque la sirena del serenazgo estaba cada vez más cerca. “Marcos” agradeció al de arriba y, si bien intentó corretear a los malhechores, la idea de irse al hospital cuanto antes venció su sed de revancha. Vamos, no le habían robado nada, pero su cuerpo recibió una ráfaga de golpes, aunque también ellos recibieron sus quiñes.

Pero el serenazgo pasó de largo en busca de los ladrones que seguramente no encontraron. Así, “Marcos” se vio desesperado. Con el rostro empapado en sangre, procedió irse a una esquina para tomar un taxi e irse a una posta médica. Levantó la mano pero ningún taxi se detenía frente a él -pese a haber aquietado la marcha- pues pensaban que era uno de esos hombres de mal vivir. La zona, la hora y un joven con la cabeza rota alimentaban sus miedos. Ningún taxi le hizo la carrera.

La ayuda viene en cuatro ruedas

Unos púberes que montaban skate y que lo veían se aproximaron a él, le hicieron la obvia pregunta de que si quería tomar taxi. “No, solo los quiero saludar”, respondió “Marcos” sangrando y cachoso. Sin sentirse aludidos y sin pensarla mucho, los skaters se pararon también en la esquina y llamaron un taxi. Finalmente uno les hizo caso y se detuvo, pero la mancha salió corriendo dejando solo a “Marcos”. Sí o sí el taxista se pondría la mano al pecho y haría arrancar el motor.

“Marcos” llegó a un hospital cercano y de frente fue para Emergencia. “Cósame, doctor”, le dijo a los galenos. Ellos obedecieron no sin antes hacerle los exámenes médicos de rigor. “Marcos” solamente quería que la herida deje de sangrar. “Cósame, doctor”. Pero los médicos fueron tan profesionales que, antes de hacer eso, comenzaron con sus diagnósticos de palabras impronunciables que solamente desmotivaban al joven con dientes de   conejo. “Encefalograma”, “sistema nervioso”, “traumatismos”, “neurología”, entre otros causaron pavor entre este chico que solo quería aguja, hilo y una “Mano de Dios”. “Marcos”, que todavía no tiene un trabajo formal, tuvo que pagar cerca de 100 soles por la curación. Hasta la fecha, no se sabe si les hizo caso a los médicos en las complejas pruebas.

-¿Qué te pasó?-le dijo su tío sorprendido al verlo con un parche tremendo en la cabeza.

. -Nada, tío. Aquí está tu dinero. Unos choros quisieron robármela pero no pudieron-dijo “Marcos” entregándole un intacto fajo de dos mil dólares que había sacado de una agencia bancaria.

El tío estaba atónito.

  • Fiorella

    Que bravo!!! defender lo suyo no siempre es lo apropiado, pues a uno lo pueden matar….la labor de Serenazgo debe variar, si la herida hubiera sido mortal, el joven heroico ahi nomas hubiera quedado…..y lo defendido=dinero finalmente se hubiera perdido….