Estas semanas han sido ciertamente caóticas para los alumnos de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Entre realizar los pagos, armar los horarios, andar pendiente de que no te boten de ningún curso, quizá irte a presencial o a la ampliación e implorar porque todo salga como quieres, podemos decir que hemos estado bajo bastante estrés. Y es una lástima que esto sea solo el comienzo.

Para un alumno de Estudios Generales Letras, la experiencia puede haber resultado aún más estresante. Sobre todo si eres un estudiante de segundo ciclo y es la primera vez que has pasado por tal suplicio preguntándote si tu CRAEST, ese que representa el bendito esfuerzo que hiciste el ciclo pasado, es suficiente. O, también, si eres un alumno que ya está por egresar y casi explotaste de la angustia porque no te aceptaban en cursos claves (entiéndase, cursos del rubro de Teología en esta inscripción sobre los que leí varias quejas en ciertas páginas de Facebook). Sea cual fuere tu situación, debemos empezar a comprender que esta pequeña probada de preocupación y de horas mirando el reloj, casi como poseso, pidiendo a todas las criaturas divinas, mágicas y demás que se acabe el suplicio, es solo el comienzo. Porque si la matrícula de este ciclo te ha resultado agotador, imagínate lo que te espera a la vuelta de la esquina.

Y es que estamos a tan solo un fin de semana del inicio del ciclo 2014-1 -aquí es donde se introduce el pinchito de emoción que te da pensar en todo lo que vendrá y, luego, el profundo lamento que sientes al decirle adiós a tus horas de vagancia sin sentirte extremadamente culpable-. Ha llegado el momento de tomar conciencia de lo siguiente: nos esperan meses de clases, exámenes, trabajos, horas quemándonos las pestañas estudiando y unas lindas ojeras tipo oso panda como plus por el tiempo de sueño que perderemos.

Por supuesto, me imagino que algunos estarán de lo más tranquilos pensando en lo natural que es tener que volver a dar tu mejor esfuerzo si ya descansaste aunque fuera un poco (sea si llevaste cursos de verano o estuviste trabajando). Otros (y aquí me incluyo), por el contrario, estamos demasiado preocupados y deprimidos al ver cómo el despiadado calendario ha acabado con su preciado tiempo de va(c/g)aciones. Son tiempos difíciles.

Entonces creo que surge la pregunta común en nuestras mentes: “¿qué es lo mejor que puedo hacer con este fin de semana?”, porque sin duda queremos aprovecharlo al máximo. Usualmente les sugeriría que no hicieran absolutamente nada y entraran en negación (aquí se nota que soy mala influencia), pero no. Esta vez no les sugeriré algo que pueda provocar que la primera semana de clases les resulte un poco chocante.

En esta ocasión sugiero algo que a mí me ha servido mucho en ciclos pasados. Quiero que en vez de pensar en todo lo que se perderán por ya no tener tiempo libre (paseos a la playa, días haciendo “nada”, tiempo empleado como te plazca, viajes, etc), piensen en todo lo que ganarán. En todo lo que aprenderán, en los amigos que harán, en las experiencias que les esperarán sean buenas o malas (enfóquense en las buenas, en serio). Imagínense yendo a clases pero no como esclavos del estudio, sino como estudiantes en toda la extensión de la palabra.

Aprovechen este fin de semana para pasarla bien, disfrutando del buen humor que no hacer nada nos da, pero también tomando consciencia de nuestra realidad y comenzando a aclimatar nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu a lo que nos espera. Es solo un consejo y ojalá les sirva, claro que al final la decisión está en sus manos. Yo solo puedo desearles ahora que se diviertan, que se relajen y que este tiempo les sirva para prepararse a iniciar un nuevo ciclo. La sensación de estar entre la espada y la pared puede llegar a ser fuerte, pero espero que sus expectativas sobre lo que viene los ayuden a mantenerse firmes y a disfrutar.

¡BUEN INICIO DE CLASES!