De solo llegar a ella -ya sea por el Jirón de la Unión o por la Avenida Colmena (Cuadra 9)-, la Plaza San Martín nos recibe con su sentimiento de “patriotismo” y un gran señor a caballo nos regresa no solo a aquellos días de campaña durante la independencia, sino también a esos días de fiesta allá por 1921, en el que Lima era el centro de atención de las miradas internacionales ya que, como niño recién nacido, todos acudieron a celebrarle sus 100 añitos con regalo bajo el brazo.
Si retrocedemos a los primeros años del siglo XX, no encontraremos cómicos ambulantes, ni amigas de la noche, ni mucho menos al Residente de Calle 13; probablemente, veremos algunos religiosos de la Orden de San Juan de Dios que llegaron a mediados de 1601 con la esperanza de “curar cuerpos y almas”, ya que funcionó como hospital. Esta casa religiosa fue considerada como el más bello y antiguo convento, de invaluable valor no solo religioso, sino artístico e histórico. Los últimos campanazos sonaron en 1914, para dar paso a la necesidad de “modernizar” una Lima que buscaba prescindir de sus edificios icónicos.
Siendo la Plaza el símbolo de la “Patria Nueva”, la escultura debía ser nada más y nada menos que la de Don José de San Martin y -como podemos apreciar con detenimiento- lo vemos en su paso por los Andes, con la nieve que cubre su galante y pausado caballo. El autor, -ganador del concurso de diseño- Mariano Benlliure, fue muy criticado en su tiempo al igual que el monumento, el cual fue objeto de caricaturas principalmente -según algunos escritores de la época- por su monotonía y poco decorado. Un dato anecdótico es el caso del casco de una de las esculturas que adornan la figura del libertador; la leyenda urbana dice que el autor confundió la llama de fuego con el peculiar auquénido 1.

La plaza significaría el inicio de un nuevo país a costa de muchos sacrificios. En la opinión de este humilde columnista, se cometieron errores que, con el tiempo, a los amantes de lo antiguo les pesa en el corazón pero que no pueden dar marcha atrás y solo queda -como se dice en buen peruano- “pa’ la foto”. Recuerda, amable lector: si Lima pudiera hablar, a más de uno se le quemarían los oídos.

  1. Posteriormente el autor indicó que se trataba de una representación del Escudo Nacional, cuyos 3 símbolos se encontraban en dicha escultura (la cornucopia, unas ramas del árbol de la quina, y por último, la llama en el casco). Ustedes digan con que historia se quedan.