Un 26 de febrero de 1986 era estrenado al público el primer capítulo de la serie “Dragon Ball”.  Este nacía a partir del enorme éxito del manga del autor Akira Toriyama, que llevaría a la revista Shonen Jump a vender –junto con otras obras- más de 6 millones de publicaciones en los años 90. Desde entonces, Son Goku se ha convertidoen la figura embajadora del manga/anime japonés y de su cultura contemporánea en diversas partes del mundo, siendo notable su acogida en latinoamerica. Pero, ¿de dónde proviene esta figura heroica? ¿Es una invención completamente original o Dragon Ball posee un legado cultural más extenso y con múltiples significados sociales?

El manga como género surgió en el periodo post-guerra con unas características propias (como el uso del dibujo antes que la narrativa escrita y la distribución semanal que le permitió desarrollar historias con personajes particulares).  Además, se considera que nació a partir de la afluencia entre el comic estadounidense y las tradiciones del cuento pictórico japonés. Sus características articularon un tipo de publicación llamado kodomo manga (manga de niños) que se caracterizaba por incluir personajes con temáticas juveniles que llamaban la atención del público infantil.  También poseían una función didáctica, introduciendo humor y simplicidad basada en signos gráficos, en contraste con la novela del periodo previo a la guerra, cuyas ilustraciones se caracterizaban por ser dramáticas y de temas bélicos. Al mismo tiempo que el manga, surgieron otros movimiento pictórico-narrativo. Así, como publicaciones independientes, una serie de autores comenzaron a desarrollar narrativas que reflejaban el espíritu negativo y disconforme de la época, como el fenómeno migratorio y la perdida de los viejos valores ante el despegue del sueño de la clase media japonesa (el salarymen) bajo la estela del influjo cultural estadounidense. Estos nuevos mangakas[1] desarrollaron temas dramáticos y oscuros con un énfasis en la psicología interna del personaje, acercándose así al público adulto. Este se llamó el movimiento gekiga. Más tarde, las dos tendencias se fusionaron para dar origen al shonen manga, que condimentaba el drama con el humor, además de poseer temáticas variadas para ambos tipos de público (infantil y adulto) y que reflejaba el mundo adulto desde la perspectiva infantil.

Años después, el manga siguió evolucionando en sus narrativas e ilustraciones hasta llegar a su forma actual. Los personajes de las series de los primeros shonen manga (de las editoriales Kodansha y Shueisha) pasaron por una evolución. En un primer momento el modelo común era el héroe bishonen[2], de formas redondas y hermosas, así como una personalidad que se construía mediante el realismo, las máquinas y las escenas de acción. Así fue hasta que Kajiwara Ikki, un mangaka de la época, intentó escribir sobre un hombre “que no sea kakkoi[3], que sea incluso kakkowarui[4] y que a fuerza de insistir se perfeccione hasta que brille como la luz al final del túnel, la verdadera kakkoyosa[5], eso es lo que mostraré a todos los niños”. Este esfuerzo se trataba de una reacción a un tipo de historia que se tenía por simple y a personajes que no poseían la “verdadera hombría” que el manga debía mostrar para cumplir su función pedagógica. Así, Kajiwara buscó explicarles “el mundo real” a los niños y jóvenes, al mostrarles la existencia de aquellos personajes marginales que la modernización produce, a través de formas que les permitan ser humanizados y asimilados por los lectores de la época.

Kajiwara quería desplazar el prototipo del hombre perfecto por la narrativa de la redención; la de aquel hombre que parte del aislamiento y la marginalidad, pero que aún así logra desarrollar su fuerza indómita y que consigue superar sus traumas para llegar al mundo “de los adultos”. Todo esto, visto desde la fantasía del niño que no sabe cuál será su destino final y dentro de una historia enmarcada en un mundo de hombres en el que la amistad, la demostración de fuerza y el empoderamiento marcan las relaciones sociales. Con Kajiwara se impone una lógica, pero también una temática oscura y adulta. Es entonces cuando aparece la Shonen Jump (una nueva revista), la cual revoluciona el mundo del manga a través de una nueva fórmula: amistad, esfuerzo y victoria. De esta manera, el optimismo volvería en los 80’ con dos series de mangas importantes para Latinoamérica. Captain Tsubasa, conocido aquí como Supercampeones y Dragon Ball. Los personajes de ambas series eran modelos masculinos que representaban héroes de personalidad afable con un espíritu kawaii[6] y una actitud nekketsu[7], los cuales por su talento innato y perseverancia adquirían energía física visible y pasaban por transformaciones que les permitían oponerse a sus rivales e incluso convertirlos en aliados. Este ciclo se repetía una y otra vez, y le permitía al público identificarse con el personaje por su esfuerzo y dedicación. Es, en otras palabras, la imagen del salarymen japonés, la cual le otorgó tanto éxito a este género.

Hoy en día el género shonen se ha diversificado hasta convertirse en un extraño receptáculo de distintos tipos de obras que no definen un modelo de masculinidad particular. Una pregunta que nos puede quedar en la boca es por qué el modelo que imprime Dragon Ball, el héroe del mundo de hombres que comienza pequeño y crece enfrentándose a las adversidades hasta ser victorioso, fue tan importante en Sudamérica durante los años finales de los 80’ e inicios de los 90’. ¿Está el espíritu optimista de una nueva generación nacida durante la década perdida relacionado con nuevos modelos culturales? ¿Hasta qué punto la reaparición de la serie en los últimos años implica la vigencia de ese modelo en esta zona del planeta? Tal parece que Son Goku y los guerreros Z todavía tienen mucho que enseñarnos, pero no solo de sus aventuras, sino de nosotros mismos como sociedad.


[1] Autor de mangas.

[2] Modelo del “joven bello”

[3] Genial, formidable, grandioso

[4] Patético o poco digno, opuesto a kakkoi

[5] Aquello que lo hace formidable

[6] Digno de dulzura, que produce una sensación de sobrecogimiento, lindura o ternura.

[7] Aguerrida y macha