Apenas me encargaron hacer unas entrevistas a tres actores de la película “La Casa Rosada”, se me vinieron varias preguntas a la cabeza. ¿Sobre qué debería hablar con los entrevistados? Al primer momento, pensé en hacer las clásicas preguntas: ¿Cómo fue la filmación? ¿Qué opina de su personaje? O, ¿qué opina del recibimiento que ha tenido la cinta? Primero, tengo que admitir que no había hecho una entrevista desde hace un gran tiempo, sentía los nervios como si no hubiera lo hubiera hecho antes. Decidí reformular las preguntas que había pensado, probablemente no sea lo más innovador, pero quería hacer más ameno el momento entre los entrevistados y yo. Además, creo que la ocasión merecía un especial tratamiento.

Había muchas cosas de qué hablar; sin embargo, lo resumí en los siguientes puntos: la experiencia de la filmación, cómo la cinta había contribuido en la vida de los actores, las nociones que los actores tenían antes y después sobre el conflicto armado interno y, finalmente, hablar sobre el legado que había dejado el director Palito Ortega. Estaba contento con los tres puntos que había planteado, así que mis entrevistas tomaron un rumbo donde veía al actor desde un punto humano. Sentía que había preguntas que yo mismo quería responder, preguntas que —como la película— eran necesarias hacer en estos días.

El día había llegado. Había coordinado las tres entrevistas en puntos cercanos y en horas consecutivas. Sería un sábado empezando desde las 11 am, siguiendo a la 1 pm y cerrando con una entrevista a las 4 pm. Por los motivos que expliqué anteriormente, le pedí a una persona cercana a mi que me acompañara para que me ayude a relajarme y que me apoye por si necesitaba alguna foto, felizmente esa persona aceptó mi solicitud. Tengo que admitir que gracias a la poca atención que le doy actualmente al fútbol, se me había pasado que ese día era la final de la Champions League, y que iba a estar en un ambiente donde todo el mundo estaría pendiente del evento (incluidos los actores). Mala suerte la mía. Sin embargo, no solo yo consideraba importante la entrevista: los actores también se harían un tiempo para concedérmela, clara señal de su compromiso con la misma.

Así que, con todo esto, me dirigí al punto de encuentro de la primera entrevista. Al llegar, esperé ansioso la llegada del primer actor, quien encarna a uno de los hijos del protagnonista. En el momento en que vi a Ricardo Bromley, sentí que debía dejar los nervios de lado y empezar con la interacción. Creo que fue algo muy atinado empezar con él: al ser una persona de mi edad, la conversación pudo fluir de una manera agradable —además de que él mismo es una persona muy tratable, gracias a Dios. Apenas nos sentamos para empezar y felicitarle por la aceptación que tenía la película con el público, Ricardo me comentó que habían sido un golpe de suerte los comentarios negativos de ciertas figuras públicas, ya que se había estado buscando que la gente vaya a ver la cinta. Si bien es cierto los primero días la película había tenido gran concurrencia, para la siguiente semana ya se le iban a quitar varias salas, fue entonces cuando ocurrieron los comentarios. La sorpresa de que la película estaba sobreviviendo le pareció impresionante. Le comenté que la película ha podido sobrevivir a las películas blockbuster estadounidenses, él concordó conmigo.

Es en este momento que Ricardo me habla de Palito. Me comentó que la enfermedad del director se agravó antes del estreno que tenía programado para diciembre de 2017, así que el estreno pasaría para mayo del 2018. También me dijo que la película estaba pensada para ser estrenada en Julio justamente por las películas que iban a ser estrenadas por las fechas. Asimismo, me contó que Palito tenía una cábala de estrenar sus cintas en mayo y que en su memoria se mantuvo la idea de estreno en mayo.

Le mencioné el estreno de Wiñaypacha y cómo esta película también se mantenía en cartelera. Ricardo me dijo que era importante cómo ambas películas se están sujetando a la cartelera. Ricardo afirma que “el producto que se está mostrando ya no es un producto simplemente comercial, es una hipótesis que la gente comience a darse cuenta de que un producto peruano con contenido vale mucho”. Además, sostuvo que estas producciones tienen contenido yendo de la mano con buena producción del lado técnico. Me comentó también que el hecho que ambas películas tengan directores del centro le da un aire descentralizador, no solo al cine, sino también a la cultura.

Ricardo empezó a recordar el proceso de producción de la película, para la que él había sido escogido como protagonista en el 2011, tres años después de iniciar la producción. Sobre este proceso me dijo:

“Yo llegué por suerte y él me encontró por suerte. Tuvimos un trabajo de casi 4 a 6 meses antes de empezar la grabación, de encuentro prácticamente interdiarios con Palito y con Shantall (que es mi hermana en la película).  Nos encontrábamos todas las tardes y conversábamos entre los dos, convivíamos con Shantall prácticamente, y ahí él antes de la grabación nos hacía repasar las escenas de la película. Palito hizo un trabajo muy interesante con nosotros porque si tú ves la película, si tú me conocías en esa época yo no era como Juan de Dios es, yo ahora no soy como Juan de Dios es. Palito tuvo un logro muy grande al conseguir que un niño de 11 años lograra tener un nivel aceptable para la película, no solamente a nivel interpretativo sino de personaje. Juan de Dios, si tú lo ves, es un personaje, el niño es un personaje. Ricardo, el Ricardo de ese entonces era absolutamente todo lo contrario a los aspectos que le vemos a Juan de Dios en la película. Entonces, Palito es un genio, logró tener un buen papel de nosotros.”

Ricardo me cuenta que hubo dos factores que le ayudaron a construir a su personaje: el primero fue el trabajo de Palito y el segundo que ambos niños protagonistas sean ayacuchanos. Y el hecho de ser ayacuchano implica haber crecido con vivencias del conflicto armado interno, ya sea como historias que sus familiares y cercanos les comentaban como también los rezagos que la guerra interna había dejado en su ciudad. Muchos testimonios que se escuchan son de gente inocente y justamente sobre eso habla la película, que Palito quería mostrar el punto medio que estaba entre ambos grupos en conflicto. Ricardo me comenta que le parece tonto tratar de ocultar los delitos que hubo en esa época porque hay pruebas, pero que tampoco la idea es tildar como los malos a las fuerzas armadas.

Ricardo me comentaba que, al momento de documentarse, se sorprendió al hallar un nivel de tortura y sadismo que no pensaba encontrar. El momento se puso muy gráfico, y Ricardo me decía que las torturas podían llegar a ser muy fuertes —incluso a mí me sorprendió escuchar esto. Me explicó que Palito decidió no poner escenas de este tipo en la cinta, por un mismo hecho de no hacerlo más fuerte de lo que ya era. Además, no quería caer como una apología al senderismo, cuando ese no era el fin de la cinta. Hablamos sobre cómo las personas salían de ese conflicto, personas que volvían trastornadas por sus experiencias, él me decía que si tan solo escuchar estas cosas nos afecta había que imaginar cómo era verlo.

Estuvimos hablando un rato más sobre nuestras experiencias personales y los relatos sobre esa época oscura que habían llegado a nuestros oídos. Además, hablábamos sobre las películas que ya habían tomado el tema, pero que su visión era desde un punto limeño, dejando de lado esa voz que no estaba siendo escuchada. Finalmente, hablamos de Palito y como él aprendió a hacer cine por su propia cuenta, agarrando sus cintas VHS y armando sus primeras cintas. El legado de Palito es percibido por Ricardo como muy político y de protesta, tocando temas como las pandillas en Ayacucho y dándole una nueva vista al limeño sobre lo que era provincia, en especial el centro.

Luego de despedirnos, concordamos en nuestro deseo de que hayan más cintas de este tipo en nuestra filmografía y sobre la necesidad de que sean expuestas. Ricardo actualmente estudia Artes Escénicas en la PUCP, y espera llegar a ser un actor que aporte en los temas que Palito dejó como legado.

 

Para la segunda entrevista, me encontré con Rodrigo Viaggio en una cafetería. Ya me sentía mejor y con mayor confianza luego de la charla que había tenido con Ricardo. El intercambio de ideas y de experiencias tan enriquecedor me había entusiasmado para continuar con las dos siguientes entrevistas que seguían. Entonces, Rodrigo llegó y la entrevista empezaría desde el inicio con un entusiasmo especial de ambos lados. Luego de las felicitaciones por la gran aceptación que ha tenido la cinta, me comentó que percibía la situación como un tema social, dado a que la cinta ha estado en la boca de la gente. Le hablé de Wiñaypacha, a lo que Rodrigo atinó a elogiar la película sobre todo por la buena administración de recursos que había tenido el director, dejando en claro que con poco presupuesto se puede lograr una buena pieza artística.

Con respecto al rodaje de la cinta, me comentó lo difícil que fue aquel, sobre todo por las pausas que tuvo, así como por el tema de logística, cantidad de actores y tiempo. Me aconsejó que, para alguien que planea hacer sus primeras películas, estas se hagan en la capital en caso de que los actores sean de ahí, debido a la dificultad de transportarlos y el coste del mantenimiento de estos, haciendo que no se pueda filmar de corrido. Me contó que Palito quería que los actores tengan la energía para asemejarse al año 1983. Rodrigo tuvo que convivir buen tiempo allá para que el lugar se le impregne y así su performance pueda ser más real, para que la película sea como una cinta documental.

 

Continúa en la segunda parte…