El personaje de Rodrigo es un miembro del servicio secreto que tiene un tipo de trastorno luego de lo que ha vivido en Ayacucho. Rodrigo me contó su experiencia con este personaje diciendo:

“Es como un pseudo-antagonista del protagonista. El antagonista, en general, es la violencia social causada por los senderistas y por los mismos militares, pero él es —dentro del antagonismo de todo el ambiente que se vive ahí—  también un antagonista. Bueno él es quien lo persigue, que es una persona del servicio de la inteligencia que recluta a los sospechosos y senderistas. Yo leí el guion dos o tres veces, yo trabajo así. Adquirí varios libros sobre la violencia social en los años 80 en Ayacucho y de ahí, como también tenía libros de la Segunda Guerra Mundial dije: oye acá también hay una similitud, este es como un holocausto pero en pequeño, hay una similitud. Entonces yo dije este personaje nunca lo llegué a conocer a persona pero yo creo que existía. Ahora en el guion está plasmado de una forma y yo lo llevé para otro lado, lo llevé un poco más oscuro al personaje porque conforme yo iba leyendo libros había personajes que eran sumamente oscuros y entonces yo dije ¿Por qué no mostrar ese tipo de personaje y no darle tensión? Que sea una bomba de tiempo, que el espectador no sepa que a hacer el tipo o que va a pasar con él, entonces yo dije que este personaje tenía que tensionar al público. La misma violencia lo había transformado, él se volvió en la misma violencia, si te das cuenta es uno de los más jóvenes de los de inteligencia”

Rodrigo me narró que uno de sus mayores retos era no lucir joven ante las cámaras, y que esto no sea una falencia, ya que eso puedo ir en contra para el actor. Él repotenció la psiquis del personaje para tratar de llenar ese hueco y conseguir la interpretación que buscaba.

Le pregunté sobre los aportes que la filmación le habían dado a su persona. Él me comentó que de niño se vivía una burbuja y en especial en Lima. La película le ayudó a humanizarse, a entender a las personas que habían pasado por esto, a comprender porque muchas personas vinieron a Lima escapando de estos hechos y que otros no pudieron lograr escapar. Me comenta de la nostalgia que se le pegó de las familias que nunca pudieron encontrar a sus seres queridos, que ahora camina por las calles de distinta manera de como era antes de conocer a Palito y hacer la película. Al igual que Ricardo, se sorprendió de conocer hechos que no pensó que habían sucedido en nuestro país, que él mismo se disculpó por la ignorancia sobre estos temas con Palito y que la cinta le ayudó a entender a estas personas que sufrieron tanto siendo inocentes. Que la película le ayudó a poner los pies en la tierra.

La película la hicieron de manera cruda, Rodrigo está de acuerdo con esto, y que era necesario para que al público le impacte y entienda bien. Me explicó que percibe como uno de los principales goles de Palito este factor, y que esto ayuda a que la cinta sea comprendida por el espectador. Él cree que el cine son sensaciones, y que esta película logra mover sensaciones al espectador, que hay otras buenas películas pero que han maquillado los hechos. Considera que “La Casa Rosada” es una película valiente, que no teme en mostrar las cosas como fueron y que hubo una documentación del LUM y la propia experiencia de Palito para ser lo más fiel a la realidad.

Es aquí donde le pregunté sobre el legado de Palito, y Rodrigo explica que esta es la película que marcará y por la que Palito será recordado. Rodrigo me dice que siente un poco de rabia, ya que Palito se fue en su mejor momento como artista, que había logrado encontrar su propio estilo y que la enfermedad nos lo arrebató antes de tiempo. Se puede sentir la misma rabia y tristeza en la voz de Rodrigo. Creo que él siente la pérdida del artista y que muchos proyectos se quedan sin finalizar. Rodrigo me dice que lo que Palito le dejó fue su apasionamiento en su arte, no necesitaba mucho dinero, que era un tipo muy arriesgado y que le gustaba contar estas historias que otros quizá no se atrevían a contar.

La entrevista con Rodrigo cierra con la reflexión de que un artista tiene que ser versátil en su trabajo y —así como Palito exploró el drama y el terror— uno debe saber explorar todos los campos. Rodrigo actualmente se encuentra en proyectos muy interesantes, me comentó que tiene un guion de comedia escrito con un amigo y que es un campo que le gustaría explorar. La entrevista fue interesante porque hablamos sobre el desarrollo de un personaje y concordamos que cada personaje tiene una historia para contar. Y yo ya estaba listo para la tercera entrevista.

 

 

La última entrevista fue con Cristhian Esquivel. Nos encontramos en la sala del Centro Cultural Español donde él trabaja. La final de la Champions había terminado, Cristhian se había reunido con otros miembros del Centro Cultural para ver el partido y nos llevó a una sala lejos del sonido de las celebraciones. Tras ingresar al ambiente silencioso, empezamos la entrevista. Al igual que lo hice anteriormente, felicité a Cristhian por la película. Él me comentó que cree que la película es necesaria para nuestro país y nuestra cultura. Si bien es cierto hay la opción de la comedias que recauda más dinero, no se debe dejar de lado a este tipo de producciones, que estas otras producciones deben ser consecuentes con lo que viven y creen. Él rescata la idea de para qué hacer arte y por qué hacerlo.

Cristhian menciona que la película tal vez no ha tenido el marketing y la difusión que otras películas han recibido, en parte porque no ha habido el dinero para hacerlo. Sin embargo, afirma que es una película de gran calidad y gran nivel interpretativo:

“Sobre todo lo que se cuenta que fueron las épocas del terrorismo, los años 80 y que fueron contados por una persona que nació en Ayacucho en Huamanga, que es director de cine y que vivió todo eso —quién mejor que él para contarlo. En la historia se ve el salvajismo de los terroristas de Sendero, las masacres que hacían, pero también se muestra la parte que en cierta manera iba a reconstruir el orden, que era el ejército, pero que posiblemente se les pasó de la manos y llegaron a hacer terrorismo de estado, también llegaron a hacer mucho daño. Pero está contado desde el punto de vista de inocentes como son los niños. Ahora ¿cómo me siento yo? Yo estoy orgulloso de haber sido parte de la película, la participación de mi personaje es muy corta. Orgullo de haber pertenecido y ser parte de la película que ahora está teniendo bastante repercusión y ahora mucha gente está yendo a verla”.

El tema de los comentarios desacertados de ciertas personas llegó a la conversación nuevamente y él me dijo que en parte gracias a estos comentarios posiblemente esta conversación se estaba dando. Cristhian me dice que las películas importantes, o con cierto recorrido de festivales, llegan a salas y no obtienen la aceptación de, en primer lugar, las cadenas de cine. Uno se queja de estas cadenas, cuando estas son un simple negocio. Él opina que el Ministerio de Cultura y, en especial, la DAFO (Dirección del Audivisual, Fonografía y Nuevos Medios) deberían velar por las películas, para que tengan más llegada en salas. Me cita ejemplos extranjeros como en Francia, donde la mitad de las salas debe estar dedicada a las producciones de este país.  A la vez, cuestiona el hecho de que las películas no llegan a provincias: en este caso, “La Casa Rosada” solo llegó a Lima y Ayacucho, en parte de que no hay un fondo o presupuesto para que las producciones pequeñas logren tener un espacio en los cines.

Cristhian me dice que es la primera vez que realiza una película con este tema y opina que:

“Lo que ha venido haciendo Palito es importante, porque el cine te permite contar la historia de los pueblos y tiene que haber géneros, muchos y variados. Esta película de Palito es algo muy puntual y preciso de lo que nos pasó como peruanos en la época del terror y sobre todo en esta ciudad tan hermosa como es Huamanga. Yo creo que es importante porque tenemos que darnos cuenta de lo que hemos vivido y esperemos que no vuelva a pasar nunca más. En cierta manera, todo ese abuso de poder y esa desazón por la insatisfacción de los que están en el gobierno y que no velan por la seguridad del pueblo —o te protegen pero buscando su beneficio— es un cierto mensaje que hay en la película. Yo creo que el cine tiene que, en cierta manera, ser un arma importante de impactar en tu intelecto, en tu consciencia y mover algo en ti para que salgas tocado del cine y eso ayude a que pueda haber una mejora en ti. Estas historias se tienen que contar, yo creo que es vital porque ahora la gente joven, si no lee o no se informa, no sabe nada sobre el terrorismo. Creo que las películas con estas connotaciones políticas son vitales para generar estos espacios de diálogo, de conversatorio. Yo creo que la película de Palito debería ir acompañada de conversatorios al final con expertos en historia, personas que sepan sobre los conflictos que pasaron y que haya un debate”.

Cristhian, siendo una persona ya integrada a este mundo cultural, me hablaba con una experiencia en gestión cultural y me mencionaba que él está dispuesto a abrirle las puertas del Centro Cultural donde trabaja para recibir proyectos y que sean expuestos. Concordábamos en lo difícil que es llevar al cine un proyecto independiente y que, a pesar de que organismos como la DAFO luchan por dar presupuestos, no se logra una ley que aborde todos los campos, como producción, festivales y distribución.

Palito le llamó para que le ayude a filmar el final que había decidido después de tanto discernimiento. Cristhian cree que, con ese final, Palito intenta dar el mensaje de que no todo está perdido y que la humanidad prevalece. De haber sido distinto, el final daría un sentimiento devastador: por eso Palito dio un mensaje de esperanza. Él me comentó que, al igual que sus dos colegas, no sabía el grado de violencia al que se había llegado, ni sobre las masacres, abusos de fuerza y las violaciones. Me dijo que uno podría imaginárselo, pero verlo en pantalla es chocante. Cree que este tipo de películas ayudan a generar una conciencia social e histórica de nuestro país. Además que al ver todo lo que sucede lo último que desea uno es que no vuelva a pasar. Sin embargo, seguimos en la incertidumbre de que pueda volver a ocurrir. En la película, se muestra un espejo de lo que había ocurrido, que debemos evitar que se repita.

Cristhian cree que la película en sí es el legado de Palito. Me indica que esta película ya podría ser una película de culto. Asimismo, opina que Palito nos deja una de las películas más vitales y necesarias del cine peruano. La película seguirá estremeciendo a los peruanos para recordar lo que sucedió y el caos que se generó. Remarca la tristeza que se muestra en la película sobre todo al tratarse de unos niños inocentes que se encuentran en medio de este conflicto.

La entrevista termina con una reflexión sobre la necesidad de tener una industria o ,por último, un organismo que regule la situación de las películas peruanas para que tengan una vía para ser exhibidas. Él rescata mucho el apoyo de muchos artistas que han apoyado desde sus redes sociales para que la gente vea la película. Además, que la gente misma debería celebrar al cine peruano, apreciarlo y protegerlo. Finalmente, Cristhian invita a comunicarse con él a cualquier realizador que desee exhibir este tipo de películas para que su cinta sea expuesta en las salas del centro donde trabaja. Actualmente, Cristhian ,como ya lo mencioné, trabaja en el Centro español desde donde apoya la cultura, sin dejar su carrera actoral y continúa participando, ya sea en obras o conferencias.

 

Las tres entrevistas habían terminado, muchas ideas y reflexiones habían llegado a mi cabeza. Con cada encuentro, pude sentir el compromiso de los actores, no solo con la película sino también con el trabajo cultural que desarrollan. La idea de que películas como “La Casa Rosada” lleguen a salas y permanezcan en cartelera por sus propios méritos me da la esperanza de que en un futuro el cine peruano llegue a tener obras importantes de manera más seguida y no solo dos o tres por año. La sensación de haber enriquecido mi conocimiento y de conversar con gente que estuvo dentro de esta producción me da ánimos para poder continuar con esta labor. Probablemente no sea la mejor crónica que se podía hacer, pero espero que con el testimonio de mi experiencia y con los apuntes de mis conversaciones con estos tres grandes actores, cada vez más gente esté dispuesta a pagar una entrada para ver estas películas en cine. Darle a estas cintas una oportunidad y, sobre todo, animar a los nuevos realizadores a seguir, demostrando que sí hay gente que se esfuerza por hacer obras de calidad en nuestro país. Que gente como Palito Ortega luchan día a día para que sus trabajos lleguen a manos de los peruanos. Yo creo que ese es el legado de Palito: habernos dejado una obra que nos demuestra que el cine peruano puede llegar a hacer grandes cosas por nuestro país.