La aristocracia, como tal, dejó de existir hace cien años aproximadamente; no obstante, sus cenizas son parte del ADN de la clase social acomodada y proyectan una separación entre lo que podríamos definir como “los de arriba y los de abajo” en nuestra sociedad. El aclamado director Javier Fuentes-León utiliza la comedia negra como medio para explicarnos esta dinámica en su nueva película “Las mejores familias” junto a un gran reparto.

Las hermanas Luzmila (Tatiana Astengo) y Peta (Gabriela Velásquez) trabajan como criadas en el hogar de Alicia (Grapa Paola) y Carmen (Gracia Olayo). Estas últimas viven en el distrito limeño de San Isidro y consideran a las hermanas como parte de la familia o eso dicen ellas. En medio del cumpleaños de las señoras, llega un miembro de la familia desde España, de manera que se reúnen todos para celebrar. Un evento que supone gran alegría termina develando un secreto que pondrá de cabeza a todos y eso incluye a la servidumbre. Esto coincide, además, con unas protestas que se surgen en la ciudad y que se van acercando a la casa, la cual es el escenario y testigo de esta historia.

Desde el inicio de la cinta, se nos señala la rutina de ambos grupos sociales. La edición, a través de una gran variedad de paralelismos, enfatiza sus diferencias. Vemos un grupo de personas que deben madrugar y viajar desde muy lejos para que otras puedan recibir su desayuno en la cama horas más tarde. Aún así, los trabajadores reciben tratos condescendientes justificados con la idea de que los protegen y velan por su bien. Con esta descripción, puede interpretarse como una versión peruana de “Parásitos” (2019); sin embargo, se enfoca más en criticar la actitud de la familia de alcurnia y sus características imperantes como motivo de representación de un grupo más grande, mientras que la servidumbre se ve afectada por el poder de estas decisiones. Las escenas dinámicas y efectivas nos dan un paseo por toda el domicilio, la familia y sus pensamientos. Alicia, Carmen y compañía viven en una burbuja que limita sus posibilidades de comprender las huelgas que, en este caso, son percibidas como innecesarias o tontas.

El guión va directo al grano con la finalidad de presentarnos una relación pasivo-agresiva entre los propios familiares por poseer un sentimiento de superioridad moral que ninguno tiene. Este conflicto se convierte en un recurso para provocar risas sobre lo ridículo o “huachafo” que pueden resultar los comentarios desatinados de los “aristócratas” y su estilo de vida que intenta asemejarse al europeo. El tan temido secreto no es una sorpresa para nosotros como audiencia. Se nos van repartiendo algunas nociones sobre este misterio, por esta razón, podemos adivinar de qué se trata. El verdadero fin de esta decisión narrativa es mantenernos abrumados con esa tensión y prepararnos para que nos preguntemos constantemente ¿cuándo se revelará esto? y ¿cómo reaccionará la familia? Aquí también se ven involucradas escenas en cámara lenta para acentuar aquellos momentos cuando parece que todo va a explotar. Toda la presión desemboca en el clímax que nos sorprende por las emociones que suscita: dolor, vergüenza, miedo e impotencia, por cómo se dieron los acontecimientos dentro de la casa. Pasado esto, el ritmo se torna mucho más pausado y una sensación de curiosidad prevalece hasta el desenlace.

Tenemos, en este film, un gran reparto coral donde sobresalen los nombres de Giovanni Ciccia y Vanessa Saba. Sin embargo, las protagonistas son las que destacan por sus impecables actuaciones. Paola y Olayo nos regalan interpretaciones excelentes y cómicas, que parecen caricaturas sobre quienes representan. Astengo, por otro lado, es visceral y sincera, dándonos escenas que nos involucran con su propósito. Detrás de ella, pero por muy poco, está Jely Reátegui, quien resalta desde su primera aparición y logra afianzar aún más la incomodidad que se da en la vivienda. Sonia Seminario resultó ser una agradable sorpresa, ya que, progresivamente, toma una posición más importante en la historia. Su personaje me hizo recordar que las apariencias pueden ser engañosas.

Fuentes-León como director, y escritor, demuestra ser muy versátil con su tercer largometraje, pues años atrás nos trajo un drama memorable con “Contracorriente” (2009), así como una historia llena de suspenso en “El elefante desaparecido” (2014). Con su más reciente producción, conmueve el corazón de los espectadores, al mismo tiempo, genera con éxito una ligera pero divertida crítica social, para aquellos que abusan de sus facultades de poder para mantener una reputación impecable. Considero fundamental tener en cuenta que si bien es habitual, abordar las desigualdades sociales es un desafío complejo en el séptimo arte, por lo que la película refleja solo la punta de un enorme iceberg que requiere ser entendido a profundidad.

No olviden que pueden ver “Las mejores familias” en el 25º Festival de Cine de Lima durante los días 19 y 29 de agosto. Estará compitiendo en la categoría de Ficción, junto a otras películas latinoamericanas.