Los fifteen ha sido un año que ha dejado muchos cabos sueltos para analizar. En el plano político, las elecciones presidenciales es un tema que aún no cambia. Lo único que ha cambiado, en mi opinión, es que hay un número mayor de jóvenes activistas en la política quienes buscan el progreso de un país estancado.

Política no es solo las elecciones locales, regionales o nacionales. La política forma parte de nosotros, es una conexión con la sociedad. Como si fuera un maelstrom que nos involucra a todos como sociedad. El activismo de algún colectivo, como por ejemplo #ColectivoDignidad o #LaLeyCotillo, también es una forma de participar en política. Algo que los peruanos muchas veces no tomamos en cuenta y dejamos que el maelstrom devore todo lo que tiene a su paso.

Entrando a una faceta irónica, cuando mis compañeros y familiares me preguntaban qué había deseado por Año Nuevo, yo solo me reía y decía: Deseo una linda novia para ser felices juntos. No obstante, eso no era exactamente lo que deseaba. Luego de lo aprendido en el 2015 en la universidad y lo que los medios de comunicación muestran a la luz, lo que en verdad deseo es que los peruanos votemos por el candidato con el cual uno se identifique en relación hacia el logro de una mejor sociedad. Identificar no solo en el sentido de que se parezca o muestre una faceta populista similar a la mayoría de los peruanos, sino sentirse identificado con las propuestas realistas que aquel plantea y el liderazgo que demuestre. En mi opinión, esos son los pilares para marcar con un aspa en el día de las elecciones. Un aspa que permita la decisión voluntaria y autónoma por un Perú cada vez mejor que nos beneficie a todos por igual.

Tal vez no sea el único que haya pedido eso. Presumo se debe a la situación complicada en la que nos encontramos. Los sixteen tiende a ser un año complicado en lo político en función a las elecciones presidenciales.

Por un lado, una Izquierda que se une poco a poco, aunque tambaleando. Nelson Manrique, profesor PUCP, menciona un “Travestismo político” que justifica el argumento de la crisis de representación política desde el periodo fujimorista. Un travestismo con un cambalache que define inescrupulosas alianzas, como la de Susana Villaran, ex alcadesa de lima, con un personaje denunciado por lesa humanidad. Me refiero, pues, a Daniel Urresti. Aunque no debemos dejar de mencionar el esfuerzo de nuevos rostros y jóvenes que intentan unir la izquierda representada por el Frente Amplio.

Por otro lado, no sabría si decirle Derecha o la que representa los intereses de los acaudalados que se unen para seguir en la cúpula del poder. Un APRA como árbitro de una PPC dividida, que postulan a la presidencia comandada por el perro del hortelano, don Alan Garcia. La cúpula busca cualquiera agujero para escabullirse y seguir en el poder.

Más allá del caudillismo político, populismo barato y alianzas electorales injustificadas, me veo en una dicotomía de elegir por quién votar este año. Considero que no soy el único, muchos jóvenes están en dudas por quién votar; más aún si es su primera vez. El mal menor sigue vigente.

Lo que intento mencionar es que falta consolidar un sistema tripartido: una izquierda, centro y derecha que debatan para construir un mejor país. Estamos en un proceso de democratización, el cual se acelera por el empeño de los jóvenes. Nosotros somos la respuesta ante este problema. En el 2015, los jóvenes, incluyéndome, hemos estado más activistas que nunca. Derogamos la famosa Ley Pulpín, protestamos contra decanos déspotas, protestamos por lo que nos parece incorrecto. Las masas se movilizan, comienza el activismo, y el actual aparato político tiembla.

Los fifteen nos ha dejado un mensaje: los jóvenes podremos cambiar el país hacia una situación favorable para el Perú. Más allá de ser el año de las agendas de Nadine o del caso Belaunde Lossio, los jóvenes somos el motor que tiene como objetivo cambiar esta idea del “mal menor”.

Espero que mi deseo se haga realidad. Feliz Año Nuevo.